lunes, 20 de noviembre de 2017

Historias de Terion: El caballero errante (9)

Einar continuaba esperando, era bastante tarde o muy temprano, cuando de repente, el sonido de una carro tirado por metamorfos domésticos grandes entró en su campo de visión.

Era evidente que eran ellos. En los alrededores no se vía ni un alma. Al entrar dentro de la fábrica, uno de los que custodiaba la puerta entró con el carro. Después de nuevo silencio. No había encontrado forma de entrar. No sabía que esperar, tampoco debía arriesgarse. Así que, impaciente por la última información recibida, recurrió a la magis prohibida.

-Holger, Holger, Holger. - De repente un espíritu se apareció tras una humareda blanca. Solo podía apreciar una silueta de una calavera con apenas piel casi traslúcida, y las cuencas de los ojos vacías. Era muy escalofriante. Einar trató de sacar el valor de su interior y susurró.

-Soy Einar. Aslhyn me dijo que te pidiese ayuda si...
-Ya lo sé.- Bufó una voz anciana y algo chillona. Su apariencia era tan desagradable como su personalidad.
-Este es el plan, yo entro, fisgo, te digo por donde debes ir y llegas hasta la mercancía, después, coges y matas a todos y buscan pruebas de ...- Desapareció de repente.

Einar aguardó, una extraña humareda blanca rodeó el edificio y uno a uno los mercenarios se fueron durmiendo. Cuando el terreno estaba despejado, el espíritu se reunió con él

-Quizá no haga falta matar a nadie. Pruebas no veo. Umm, la muy idiota estaba segura de que había pruebas.

-¿Ashlyn?

-Sí. -Espetó el espíritu borde.

Luego le guió por el lugar. Era una fábrica ruinosa y vacía. La maquinaria estaba oxidada y muchas partes había sido robadas con aterioridad. Allí estaba, en mitad de todo, el carro. Vacío.

La parte que daba al almacén subterráneo era otra cosa. Abajo, tras pasar por una trampilla bien sellada y protegida, pero ahora los mercenarios estaban dormidos y no hubo problemas para coger la llave. Lo difícil, seguramente vendría después.