martes, 1 de agosto de 2017

Crónicas de Terion: Breer la leal (10)

Breer era muy divertida, amigable y siempre hacía reír a los demás. Siempre contagiando de positivismo a sus amigos. Gareg aprendía y practicaba el idioma del viento no solo con ella, también con Duwln y Uma. Breer parecía orgullosa de su alumno. 

-Nunca he estado en la capital- reveló Uma con gran curiosidad cuando el carro que conducía empezaba a acercarse. La capital era una ciudad amurallada circular, de aspecto medieval, se alzaba magestuosa en un montículo sobre el valle y las cadenas montañosas que lo rodeaban. Tras aquellas montañas quedaba atrás el bosque de Auvernia, como una doble protección a ese magnifico valle. El más próspero y rico de Solis. La capital era el hogar de muchos habitantes de Solis, la mayoría adinerados de multitud de oficios diferentes y no solo de humanos. 

Tenía dos entradas celosamente veladas por los guardias de la ciudad. Miembros o pertenecientes todos de la casa noble Veridis, que se encargaba de la defensa exterior e interior de todo el reino. Los militares por excelencia. Una familia perteneciente al consejo de Solis y encargada de proteger los más importantes lugares y personas del reino. Entre ellas, la Gran Biblioteca de Solis, el propio palacio de Marfil donde residía la familia real Frigid, la Prisión...

El carro se detuvo en la entrada este donde dos guardias esperaban a los viajeros para supervisar y asegurar el paso. Ambos humanos. Uno parecía ser joven e inexperto. El otro veterano y mayor. Ambos llevaban la armadura y el traje reglamentario verde con el símbolo de la casa en el escudo, una enredadera verde. 

El joven solo se limitaba a observar y a anotar todo lo que el otro le decía. El joven parecía tímido y nervioso, mientras que el mayor, daba a entender que estaba muy acostumbrado a esa tarea. Fue él quien los detuvo. Uma sonrió e hizo que el hombre se ruborizase no solo por su belleza sino por lo inesperado de su amabilidad. 

-Papeles- Gareg se adelantó.
-Mi nombre es Gareg de Mors, aquí tiene mi documentación en regla. Vengo convocado por el alguacil. Tenga la carta como prueba. Ellas dos vienen a solicitar la documentación reglamentaria, necesitarían un pase provisional- dijo tendiéndole unas monedas de su propio bolsillo. 

El chico cogió y anotó todo. El otro, examinó la documentación y la carta. En cuanto dio su visto bueno con una leve inclinación de cabeza el chico preparó los pases provisionales, preguntando tímidamente a media voz los nombres y datos generales de las chicas. Uma y Breer respondieron de forma simpática, lo que provocó que el chico bajase la cabeza avergonzado. Breer se le acercó con curiosidad y el chico a punto estuvo de dejarlo caer todo y atacarla con la espada que ambos guardias llevaban en el cinto. Breer en cambio se posó en su hombro y le susurró algo al oído que provocó que el chico se riese abiertamente. El hombre mayor se volvió a ver que era ese alborotó y al ver al chico reír de aquella forma, Gareg advirtió enseguida que el guardia se había enternecido. Debía apreciar mucho al chaval, pensó.

-Yo soy Duwln de Lora, hermano junior de la hermandad del sol. Tenga- Él también le ofreció su documentación para que lo mirase. El hombre enseguida devolvió a Gareg lo suyo y examinó lo de Duwln. El chico le dio a Uma su pase y el de Breer, ya que esta había comenzado a recorrer su cuerpo alegando que el ruido de su armadura le parecía graciosa cuando correteaba por ella. Cosa que al chico también pareció hacerle gracia. Cuando el guardia había terminado de comprobar todo le devolvió el documento, miró hacia arriba e hizo un gesto a los guardias colocados en la parte de arriba de la muralla. Gareg contó unos seis a la vista. Portaban ballestas y arcos de muy buena calidad. 

-Espero que el hada no cause problemas- dijo de repente el guardia al ver que Breer era muy hábil. 
-Me hago enteramente responsable- le tranquilizó Duwln con su habitual tono neutral y distante de costumbre. El guardia asintió y cuando la puerta se hubo abierto entraron. 

Breer y Uma apenas podían contener su emoción al ver la gran ciudad extenderse ante sus ojos. Gareg y Duwln en cambio, no quitaron ojo de su alrededor y de las chicas, siempre vigilantes y recelosos de cuanto pudiese ocurrir de improviso. 

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