viernes, 14 de julio de 2017

Crónicas de Terion: Breer la leal (5)

Breer sabía que Gareg necesitaba mejores cuidados cuando despertó, y apenas fue capaz de ponerse en pie por si solo. La fiebre había bajado pero no lo suficiente. No sabía mucho de humanos. Sabía que debía buscar a alguien que pudiese tratarle con mayor eficacia. Así que mientras Gareg descasaba junto al fuego y comía algo, ella buscó ayuda.

Encontró otro humano. Aunque tenía un aspecto similar al de Gareg, este, parecía algo más joven. Llevaba un atuendo curioso. Un manto blanco con bordes dorados. Una enorme arma a la espalda. Parecía muy pesada. Caminaba a paso lento y murmuraba una especie de oración. Breer se colocó delante de él y le frenó. El joven, se retiró suave y lentamente la capucha que lo cubría. Ojos azules, cabello oscuro y tez pálida. Este tampoco debía de ser Solis pensó. Este era perfecto.
-Hola. Soy Breer. No voy a comerte. ¿Puedes ayudar a un amigo enfermo? - el joven la observó con una mirada cargada de curiosidad pero no sorpresa. Él asintió y sin mediar palabra la acompañó.

Al verlos llegar, Gareg se preocupó. Breer era muy confiada. Demasiado. Al reconocer las ropas de la Hermandad del Sol, se puso a la defensiva. No le gustaban nada los religiosos. Al llegar hasta él, se dio cuenta de que era un chico joven, de Nox, y extrañamente monje de la Hermandad del Sol.
-Breer, eres muy hábil para encontrar y reunir gente rara- Breer se lo tomó como un cumplido y se posó a su lado. El chico dejó su pesada arma en el suelo. Se acercó a él con una seriedad abrumadora y le tomó la temperatura. Sin mediar palabra, le señaló a Breer lo que necesitaba.

Hizo una infusión con varias hierbas y añadió un polvo de color arena, lo revolvió y se lo tendió para que bebiese. Gareg lo hizo a regañadientes. Breer observó todo con gran curiosidad. De repente, el chico le sonrió a ella. Solo a ella.
-Breer, deberías tener cuidado a quien traes o llevas contigo. Podrían hacerte daño. No todo el mundo es bueno o justo- Se preocupó Gareg que ya empezaba  encontrarse mejor.  Breer unió su frente a la de él y comprobó que la fiebre se desvanecía. Se puso contenta y le devolvió la sonrisa al monje.
-¿Gareg mejor, curado?- el chico asintió, le ayudó a ponerse de pie y les indicó que lo siguieran.

Gareg con profunda desconfianza lo hizo. Breer revoloteaba entre ellos, cantando y entonando melodías en su tono del viento. Entonces, el chico empezó a silbar. Breer se maravilló. Él conocía el idioma del viento. Tenía una voz preciosa, se dijo para sí misma. Una melodía que acompañaba a un joven solitario, fuerte pero sensible. Ahora Breer estaba segura de que tenía un nuevo amigo en su viaje. Caminaron así durante varias horas, pasando por la hora de comer, la tarde y al empezar las horas de sueño llegaron a una granja abandonada.

El monje comprobó la zona, luego les hizo una seña y acomodaron el lugar para pasar las horas de sueño. Cerraron todas las ventanas y aseguraron las puertas trasera y delantera. El monje ayudó a Gareg sentarse y le tendió otra infusión mientras se ponía a limpiar y cocinar algo sencillo para cenar. Breer ayudó al monje. Después de comer, Breer se acomodó en el cajón de la habitación con la manta de Gareg y se durmió. Gareg, volvió a quedarse ensimismado observando como el polvo de hada que desprendía Breer se apagaba. De repente, sintió la presencia del monje mientras en silencio lavaba los utensilios. No le quitaba ojo.

Incómodo Gareg, decidió romper el silencio al ver que Breer ya se había dormido del todo.
-No te atrevas a mirarme así, muchacho. No sé cuales son tus intenciones, no sé porque nos has ayudado. Ella cree que todos son buenos por lo visto, pero te juro que si le haces algo te mataré.
-Eres una persona horrible- susurró de repente el joven con una voz fría y neutra.

Gareg a punto estuvo de coger su arma. El monje en cambio miró hacia Breer y sonrió con una ternura infinita, lo cual desmontó a Gareg.
-Es una criatura increíble. Apuesto que tú también lo has visto, ¿vas a venderla en el Gremio de la Liberación? - Gareg estuvo a punto de darle un puñetazo. Algo le advirtió que debía guardar distancias.
-Eres de esos raros que puede ver cosas anormales- bufó con desagrado.
-Puedo ver el alma de la gente. Su energía, aura... puedo ver que no eres una buena persona. Eres un asesino sin escrúpulos.
-No es cierto- respondió Gareg sabiendo que lo provocaba.
-Ya- le clavó su mirada llena de una profunda ira.
-No voy a vender a Breer a esa pandilla de desalmados. En eso te equivocas. Soy un asesino, un ex convicto, ex esclavo. Lo que tú quieras, pero no le haría daño a Breer.
-Eres un hombre que busca la redención. Bueno, como monje debo respetar eso y dejarte en paz. Como persona, me das asco- su voz cargada de neutralidad sacaba de quicio a Gareg.
-No tendrás mas de 20 ciclos, ¿Qué vas a saber tú?- se rió de él Gareg.
-En cambio tu rondas los 40 ciclos y pareces ser un necio arrogante- se la devolvió el monje.
-Si sigues por ahí te comerás mi espada.
-Tú mi martillo si me atacas, viejo- le bufó con desprecio.

Gareg se levantó despacio ignorándolo  y fue lentamente hasta la cama donde casi cayó rendido.
-Soy Duwln de Lora. Gareg de Mors, encantado- susurró de repente. A Gareg no le sorprendió que lo conociese. Tenía cierta fama en Solis y la fama se pagaba cara a veces.
-¿Lora? ¿Solis? ¿Ese pueblucho de mojigatos? No te creo. No tienes facciones de Solis.
-Mis padres biológicos son de Nox capital, de Mors, pero me vendieron al Gremio de la Liberación y de alguna forma acabé en Lora, en el orfanato. Me crié con la Hermandad del Sol. Después de graduarme, decidí unirme a ellos. Servir e ir por el buen camino. No dejaré que mi sangre marque mi destino-resumió con precisión mientras se preparaba un sitio donde dormir.
-Vaya, eres más esclavo que yo monje- aventuró a reírse de él de nuevo.
-Tú sigues siendo un esclavo de tu culpa.
-No importa lo que digas. En cuanto salgamos de aquí nos separaremos. No volveremos a vernos.
-En eso te equivocas. Voy a acompañaros a la capital y después al consejo de Auvernia. Voy asegurarme de que te redimes y no lastimas a Breer.

Breer en su cama murmuró en sueños un aleteo que provocó y despertó la sonrisa de Duwln. Gareg le preguntó que había dicho.
-No comer amigos. Breer es buena- susurró Duwln con un atisbo de diversión.

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