viernes, 7 de julio de 2017

Crónicas de Terion: Breer la leal (3)

En cuanto entraron todo el mundo se paralizó. No por ver a Gareg, que ya gozaba de cierta fama entre los barrios bajos, las aldeas, los pueblos y hasta en la capital. Sino por el hada que revoloteaba a su lado inofensiva. ¿Gareg había realizado una nueva proeza? El hombre que regentaba el hostal le dijo que sacase a esa cosa de allí y la dejase en los establos si es que era cierto que era su mascota.

Breer se sintió herida. Se dejó caer suavemente en el hombro de Gareg. Notó como su espalda se crispaba un segundo. Pensó que quizá aún la temía, que lo normal sería esperar fuera. Alzó de nuevo el vuelo e hizo amago de salir. Sin embargo, Gareg la tomó con sus manos y la colocó en su hombro de nuevo. Avanzó hacia el posadero, ignorando al resto de hombres y mujeres que allí se hospedaban o bebían sentados en las diversas mesas del comedor, con intención de encararse a él.
-No te atrevas a faltar al respeto a mi nueva compañera. Se llama Breer. No va a hacer nada a nadie y tiene el mismo derecho que cualquiera a estar aquí. - Le lanzó varios objetos brillantes de color dorado. El hombre, calvo, grande y feo, les echó su desagradable aliento a cerveza cuando empezó a reir.
-Claro, claro. Quien paga es bienvenido. Pero nada de altercados, o será aniquilada y tú con ella.
- Bien, mi habitación de siempre. - El hombre le tendió un palo pequeño con formas extrañas de metal.
-Tu llave. - Breer no entendía, reconocía o sabía de la mayoría de objetos que veía, pero era buena almacenando información en su cabeza.
-Llave.- Gareg se rió.
-Es para que no nos molesten mientras dormimos. - Le dijo con su habitual tono extraño, cada vez que le explicaba algo nuevo. Ambos subieron y el ambiente abajo comenzó a recobrar cierta normalidad.

Breer alzó el vuelo al ver aquel pasillo extraño y poco iluminado. Al momento, ella empezó a brillar. Gareg la condujo por el pasillo, hasta el último a la izquierda y allí introdujo el objeto llamado llave en un agujero que había en la puerta. Al darle dos vueltas y girar el pomo, la puerta se abrió.
-Había visto puertas, pomos y casas. Pero nunca una llave.
-Las llaves hacen creer a la gente que están a salvo en su refugio.- Su voz parecía apagada. Supuso que igual que a ella, la garganta le empezaba a doler por usarla tanto para hablar.
-Ya. Yo puedo dormir fuera. Mejor.

Gareg fue al armario, tiró de uno de los cajones, sacó una manta de su macuto y la dejó doblada en el fondo. Le hizo tumbarse allí. Después guardó su macuto en el armario y se quitó la espada con el cinto guardándolas allí. Breer no supo decir si estaba cómoda o no, pero supuso que podría dormir tranquilamente allí. La manta olía a Gareg, a hierba y a polvo del camino.

-Gareg, yo te caigo bien.
-Tienes que hacer así. ¿Gareg, yo te caigo bien?
-Claro.
-Pues, sí, me caes bien. Aunque apenas sé nada de ti.
-¿Y por eso me has defendido? ¿Así?
-Sí. Así. Sí. Por eso te he defendido.
- No somos compañeros. No somos de la misma comunidad. - Gareg asintió despacio entendiendo porque lo decía. La lógica de Breer, pensó. Era un hada recién salida de los bosques, sin familia. Lo raro era que no se hubiese unido a otra comunidad o haber perecido. Allí estaba sola. Sin nadie en quien confiar, sin nadie en quien poder apoyarse para sobrevivir en un mundo con reglas muy diferentes. Se apiadó de ella en el acto. Se sonrió. Ella le imitó.
-Cuando lo haces sin enseñar los dientes, es bonito. -Volvió a reírse.
-Ah. Vale. Mis dientes dan miedo. Cierto.- Breer empezó a sentirse cansada y relajada en ese hueco de madera. Sobre la caliente manta de Gareg se sentía reconfortada.
-¿Puedo llamarte amiga? -Preguntó Gareg.
-Sí.- Murmuró Breer mientras sus pequeños ojos se cerraban.
-Voy a por la cena. - Cerró las contra ventanas para que la luz de Solis no la molestase. Gareg quedó anonadado por la belleza del cuerpo de Breer brillar en la oscuridad. Fue apagándose mientras ella se dormía.
-Vale. - Susurró Breer acompañándose de las alas y el idioma del viento.


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