martes, 4 de julio de 2017

Crónicas de Terion: Breer la leal (2)

Breer sabía moverse muy bien por el gran bosque. Sin embargo, no sabía dónde o cómo se reunía el consejo de Auvernia. No sabía, por tanto, a quien pedir ayuda. Como estaba acostumbrada a sobrevivir sin su comunidad, encontró realmente fácil adaptarse a su nueva vida de errante.

La primera vez que se topó con el camino principal de Solis, se dio cuenta de que nunca había estado tan lejos de casa. Solía comunicarse con el idioma del viento como la mayoría de las hadas de Nox y Solis. Sin embargo, también se les enseñaba el común, aquel que se necesitaba de la garganta, la boca y las palabras. Probó a aclararse la voz, cuando vio a un viajero encapuchado ir a pie por el camino.
-Soy Breer. Una hada. Busco guía. Gran Consejo de Auvernia. - El hombre se giró y sacó una espada dispuesto a hacerle frente.

Breer nunca había visto humanos, menos espadas. Aunque enseguida intuyó el peligro, no se dejó amedrentar.
-No vas a comerme. El tratado os prohíbe atacar fuera de vuestro territorio. Fuera bestia. Es mi primer aviso.
-Yo, yo solo quiero hablar. - No era consciente de que sus dientes se veían cada vez que abría la boca. Aquellos dientes temidos en ambos continentes. No en vano, las llamaban pirañas aladas.
-No. Yo solo, amiga. Solo hablar. No como humanos. -Mintió. Alguna vez, le habían traído las cazadoras carne de humano y no había dudado en comerlo. Pero no comes todo lo que ves. El hombre miró a su alrededor dudando y aún a la defensiva.
-¿Estás sola?
-Sí. Mi comunidad atacada. Voy al consejo a hablar. - Afirmó Breer cansada. El hombre bajo lentamente el arma. La introdujo en la funda y le invitó con un gesto a seguirlo.
-No es muy común que las hadas os portéis así. Tenía una granja cerca del bosque, a veces las hadas se acercaban pero no solían atacarnos. Por el tratado. Alguna vez hablé con alguna, porque siempre estaba solo y no tenía amigos. Aún así, vuestra fama os precede. Es mejor no acercarse.
-¿Precede?
-Déjalo. Quiero decir que, no sois muy bien recibidas fuera del bosque. Las hadas sois famosas por vuestro apetito.
-Oh, sí. Ya.- Eso le produjo orgullo.

Las hadas eran temidas, por aquellos seres inferiores. Aquel humano, le caía bien.  Era moreno, raro en aquellas tierras, piel bronceada, curtida, fuerte y alto. Llevaba telas que lo cubrían de arriba a abajo y un macuto de donde apreció un agradable olor a comida. Camisa blanca, pantalones anchos negros, botas negras altas, la funda de la espada curva a la espalda, tres dientes de metamorfo (o eso parecía) en un collar simple, el cabello era corto, pero tenía un mechón larguísimo y dos guanteles de cuero marrones.

-Yo soy Gareg de Mors. Pongo mi espada al servicio de otros.- Dijo señalando el palo de metal.
-El palo de metal es una espada. - Murmuró Breer para sí. Gareg se rió con una melódica aunque aguda risotada. A Breer le gustó su risa e intentó imitarla. La suya salió tan aguda que hizo callar a Gareg y taparse los oídos.
-Oh, duele. Vale. Humanos débiles. - Empezaba a doler la garganta.
-No somos tan débiles. Yo mucho menos. -Breer incómoda decidió cambiar de tema.
-¿Mors es tu segundo nombre?
-Sí. Está muy muy lejos de aquí. -Dijo Gareg algo incómodo.
-No eres de Solís.- Tanteó el hada con curiosidad.
-¿Te asustaría que no lo fuese?
-No me asusta nada.- Afirmo Breer muy valiente.

Sin detener la conversación continuaron avanzando por el camino hasta una casa. Breer había visto algunas, granjas, casas, estructuras parecidas en los árboles donde vivían ninfas o comunidades de elementalistas e incluso metamorfos. Pero nada como aquello.

-¿Qué son esos símbolos?
-Escritura, ponemos las palabras en símbolos. Es otra forma de comunicarse. Pone, Hostal de Arianca. Es un lugar de paso para viajeros que no tienen casa donde dormir. -Le explicó Gareg.
-Como un refugio. -Comparó Breer con habilidad.
-Sí. Solo que aquí debes pagar. -Se mofó Greg de su inocencia.
-¿Pagar?- Preguntó sin saber a qué se refería.
-Tranquila. Yo invito. Creo que tengo mucho que enseñarte. - No supo interpretar cómo lo dijo.
-Yo aprendo rápido.- Se quejó Breer pensando que quizá la menospreciaba.
-No lo dudo. - Se mofó Garej con aquella agradable voz.

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