martes, 25 de abril de 2017

Delirante oscuridad (15)

Eirene entró en el despacho de Bet. Poco a poco, se fue percatando de que Bet en realidad no estaba enfadada. Se sentó en el sitio donde habitualmente había visto a Mura sentada haciendo sus tareas. Eirene esperó a tener permiso y se sentó en frente.
-Lo siento. - Bet negó lentamente con la cabeza. Eirene sonrió aliviada.
-Me preguntaste en su momento que debías hacer para que ganásemos- Eirene asintió insegura.
-Me contestaste que siguiese con mis tareas habituales, que continuase la rutina. Hasta que tú me dijeses lo contrario.
-En efecto. Ese momento es es ahora. Vamos a darle el trapo al niño malo. Que crea que ha ganado- Eirene palideció. Era obvio que no deseaba volver a aquel lugar.
-Confío en ti Bet. Aunque ...-
-Estás asustada. Lo sé. No es fácil lo que voy a pedirte. Necesito saber que cuento con tu total aprobación para esto. En primer lugar, me gustaría saber, si quieres a Kendal - era la primera vez que lo llamaba así. La primera vez que su voz se enternecía al pronunciar el nombre de Bermas.
-No sé...- se llevo los dedos a los labios, tratando de meditarlo, indecisa. Bet sonrió.
-Esa mirada me lo dice todo. De acuerdo. Esperaba que te entregases a Howen, aunque, sabiendo de sus debilidades, sé que con Bermas estarás mejor. Lo que voy a pedirte, lo que vas a hacer, salvará a la familia, te salvará a ti. Al mismo tiempo, tendrás que sacrificarte. No hay otra. Lo he intentando. No hay otra forma de destruirle. Es sencillo pero eficaz. Eirene, necesito que te dejes esclavizar de nuevo, serle totalmente sumisa y dejar que haga lo que quiera contigo- Eirene procesó la información despacio. Después, susurró con convicción.
-No les va a gustar nada. Lo haré- Bet se levantó y la abrazó con gran cariño.
-No. Cierto. Me odiarán. Sobre todo Mura. Te juro que no hay otra opción- Eirene le devolvió el abrazo.

Salió del despacho, con lo puesto, salió al jardín, poco a poco, salió fuera de la entrada de la mansión. En un destello, ya no estaba allí.

Cuando abrió los ojos, estaba encadenada a una pared. Llevaba el mismo vestido que le habían puesto la primera vez que su amo había deseado abusar de ella. Ahí estaba. Frente a ella, relamiéndose por su victoria.
-No soportabas estar con esos salvajes verdad. Has entendido que yo soy tu amo- Eirene le miró a los ojos sin miedo y asintió. Se acercó a ella despacio y comprobó a acariciarla. Al no ver resistencia pareció alegrarse.
-Es posible, que fuese poco delicado la última vez que estuvimos a solas. Es posible que el castigo que te impuse fuese muy cruel. Supongo que por eso te negaste a entregarte a mí de nuevo y escapaste. Supongo que no entendiste, como humana que eres, lo que implicaba unirte a mí en aquel entonces. Ahora que sabes lo que es Bet, lo que somos. Accederás a entregarte a mis deseos.

Eirene asintió despacio sin mediar palabra.
-Hueles tan bien, eres tan preciosa... voy a darte algo único Eirene. Voy a matarte, voy a rehacerte para que podamos estar juntos para siempre. Voy a preservarte para siempre. - Su caricia se convirtió en un doloroso infierno cuando comenzó a aplicar sus poder sobre ella.
Estaba matando cada rincón de su cuerpo. Estaba tratando de remodelarla y regenerarla para convertirla en alguien como Bet o como él. Salvo que ella sería completamente sumisa de sus deseos y sus caprichos. Una esclava inmortal para un inmortal. Empezó a gritar desesperada sin poder reprimir el dolor.
-Shh, shhh, ya sé que duele, tu cuerpo se niega a morir, tu alma se niega a adoptar un nuevo cuerpo. Pero cuando termine contigo, serás maravillosa. Serás mi juguete favorito. Mi creación- Eirene gritó hasta morir. Su aliento se apagó y quedó inerte. Su amo, se tomó su tiempo para empezar a reanimarla.
-Ahora, serás mía. Me has entregado tu vida. Ahora voy a encadenarte para siempre- Cogió un recipiente y dejó que del cuerpo sin vida de Eirene, brotara una luz luminosa que se deslizó hacia el cuenco.
-Así es Eirene obediente. Así es- La luz de Eirene se introdujo en el cuenco y después el cuerpo se deshizo en cenizas. Llevó el cuenco hasta la habitación contigua.

Allí, en la otra celda, había una planta en forma de enredadera que ocupaba todo el espacio, con una gran flor enorme en el centro que parecía rebosar vida, poder e inmortalidad.
-Aquí, Eirene, por aquí...- Introdujo la luz en la flor y esta cerró sus pétalos convirtiéndose en una especie de fruto en forma de capsula.
-Sé que duele, pero pronto, dejará de doler. Shhh Shhh....- Acarició la planta y comenzó a imbuirle de nuevo su poder. El fruto comenzó a latir.

Durante horas, horas que llegaron a días, el hombre no se apartó del fruto, dándole su fuerza. Dentro, se estaba formando su nueva diversión. Estaba tan contento, tan absorto, que no se percató de que fuera, en sus dominios, se iba abriendo una brecha entre dos mundos que no debían conectarse. Tampoco fue consciente de que Mura, Howen y Bet se unían a los seres que provenían de esa grieta y tomaban asesinando y arrasando con el territorio todas las vidas que se les oponían. Tampoco supo que Bermas sin ningún esfuerzo se encargo de matar a todos aquellos como él que en su día le habían dicho que valían su peso en oro.

Justo en el momento en que se tomaba la mansión, el fruto se abrió. El proceso acabó. Una figura que se asemejaba mucho a Eirene surgió de ella. Brillaba, dormía, su corazón latía de nuevo, su alma volvía a estar conectada a un cuerpo. Su amo esperaba expectante a que su nuevo juguete se pusiese en marcha. Eirene había dejado de sentir el dolor más absoluto a una paz extraña que la había mantenido aletargada. Ahora abría los ojos por primera vez. Su amo la esperaba. Se puso de pies, desnuda, como un bebé que se abre paso en un mundo que no conoce. Su amo le puso su caro atuendo sobre los hombros para cubrirla.
-Eirene, ven conmigo.
-Es un bonito nombre. Amo. Gracias- sonrió feliz ella.

En ese momento, se percató de lo que había sucedido en sus dominios y se transportaron arriba, a su salón principal. Allí estaba, La Reina con su séquito, la brecha abierta, todos sus juguetes y vasallos destruidos. Junto a la Reina Lerasdiel, Valaldisra, estaba su hija, Bethnasriel Valaldisra y tras ella, Bermas, Mura, Howen.
-Majestades, gracias por su visita.
-Déjate de tonterías. Ella no te pertenece, nada de lo que había aquí ha sido autorizado por mí. Has estado jugando en un mundo que me pertenece y al que denegué acceso a toda criatura de
Parece que te has pasado el tiempo haciendo travesuras, creando seres entremezclados y por lo visto, mi hija ha tenido que venir aquí, a perder el tiempo, para controlarlos, domesticarlos, para que no afectasen al mundo que yo cree.
-¿Este es vuestro mundo majestad Leradiel? Habéis roto las reglas.
-Cree este mundo para que se preservara tal cual lo cree, y tu lo has ensuciado. Lo has corrupto.
-Vaya, parece que alguien ha estado jugando con el juguete equivocado- Susurró la voz de Bet tras su madre. Su apariencia ya no era humana, era la silueta de una mujer joven, infantil casi, con unas preciosas alas similares a las de una mariposa, al igual que los del sequito de la reina y la propia Leraidiel.
-Madre, dejadme quedarme a Eirene. - Susurró Bet de repente.
-No. Voy a destruirla. Debería destruir a todos aquellos que no son humanos o animales originales. - Parecía realmente enfadada.
-Majestad, si vais a castigarme a mi, a vuestra hija también- Eirene se adelantó, fue hasta Bermas andando, aún no sabía usar sus alas. Bermas se acercó a ella, profundamente apenado. Sabía por lo que la pobre había pasado.
-Eres, precioso-dijo Eirene acariciando a Bermas.
-¿No me reconoces? - Eirene negó. Bermas aulló lleno de dolor.
-Vaya madre, parece que además, ha borrado las pruebas de sus fechorías. -La reina se acercó a Eirene y le toco la frente.
-Eso está por ver- Al momento, Eirene no solo recordó su vida anterior, sino todas aquellas que había vivido, incluida en la que había sido asesinada por Howen, incluida aquella niña asesinada por unos vándalos que provocó que Bermas se transformase por primera vez despertando sus genes.
La reina sonrió.
-¿Dime niña, ese hombre de ahí es responsable de lo que eres ahora? ¿Es responsable de todos los monstruos que hay en este mundo? -Eirene habiendo recuperado su ser, asintió. Se abrazó a Bermas y Howen y Mura la cubrieron aliviados. Bet se sonrió. El trapo volvía a ser suyo.
-Bien. Hija mía, dame un motivo por el que deba perdonar estas atrocidades.
-Ellas no tiene culpa alguna de lo que son. Yo cuidaré de tu mundo Madre. Lo sabes. Déjame continuar aquí haciendo tu labor. Cuando este preparada volveré a gobernar junto a ti a casa si lo deseas. - La reina lo meditó. Después, se acercó a quien había osado contrariarle y al igual que había hecho con Eirene, acabó con su vida. Después todo el séquito, tras ella se marcharon y Bet quedó al cargo. La brecha se cerró.


Dicen las leyendas, que hay vampiros, hombres lobos y otros seres extraños por nuestro mundo. Sin embargo, ellos pasan desapercibidos por que la Reina Regente Bet, así lo desea. Dicen, que sus hijos y protegidos la ayudan a mantener el equilibrio y el mundo humano intacto. Un hada Eirene que unió su destino a la de un hombre lobo llamado Bermas, una mujer medio vampiro llamada Mura que gestiona todos los asuntos importantes junto a su hermano vampiro Howen.

Eirene a día de hoy cree, que la delirante oscuridad de su corazón , desapareció al despertar del dolor y ser capaz de aceptar sus recuerdos sin juzgarse.

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