lunes, 27 de marzo de 2017

Delirante oscuridad (14)

De vuelta a la aparente rutina al día siguiente, como si nada hubiese sucedido la noche anterior. Durante la mañana Eirene se quedó en la casa, haciendo sus tareas mientras que siempre era vigilada por alguien. A la tarde, acudió con Mura y Bermas al mercado. No se quedaron mucho tiempo y a la vuelta, para preparar la cena, estuvo todo el tiempo acompañada de Bet, Mura y finalmente a la noche, Howen apareció de buen humor. Eirene se preguntaba si a partir de ahora su vida siempre sería así.

Cuando dormía, una pesadilla terrible inundó su subconsciente. Su antiguo amo, azotando su espalda desnuda sin parar, mientras gritaba y gritaba de dolor y miedo. Se despertó sudorosa mientras un grito horrible sobresalía de su garganta. Cuando trató de tranquilizarse y comprobar que estaba bien., advirtió una presencia a su lado. Sentado a los pies de su cama, Howen la velaba. Su expresión parecía serena. Sin embargo sus ojos que tornaban del rojo al colo natural constantemente, indicaban que estaba preocupado. Ella le observó largamente, Howen no hizo ningún amago de hablar o moverse. Eirene, agotada, calmada  y sintiéndose segura por la presencia del amo, se entregó de nuevo al sueño.

A la mañana siguiente, por el día Bet la seguía a todas partes para hacer las tareas de la casa juntas. De nuevo a la tarde, se dedicaron a arreglar el jardín, siempre vigilada y en compañía. A menudo, Eirene se preguntaba, porque tanta necesidad de protegerla a ella. Era una sensación extraña, se sentía en el centro de la tormenta. Expuesta y al mismo tiempo protegida.

Los días se sucedieron igual. A veces, por las noches, despertaba por las pesadillas. Ahí estaba siempre Howen. Se miraban largamente, hasta que la muchacha recuperaba la calma y se volvía a dormir. Sin embargo a la séptima noche, al despertar, le buscó y lo abrazó.
-No deje que me lleve,  amo Howen. - Sintió como le correspondían y la tranquilidad llegó a ella.
-Ya no tiene sentido que me llames así. - Susurró firme pero con ternura. Eirene fue incapaz de responder seguidamente. El tacto de Howen era frío pero suave.
-Perdone, es la costumbre.- Howen suspiró.
-Tutéame. Como haces a Bet.- Ella repitió.
-Perdona. Es la costumbre.
-No tienes que pedir perdón.- Howen sonaba simpático y amable, algo que no solía ser habitual.

Eirene, intentó separarse de él, considerando que el abrazo se había alargado demasiado. Él no se lo consintió. Eirene tomó aire despacio y trató de acomodarse. Después, se atrevió a preguntar.
-¿Qué... qué sucedió con la otra chica? Esa de la que Bermas y tú habláis continuamente. -Howen dudó si merecía la pena contarlo. Cuando se decidió, sonó más cortante de lo que habría querido.
-Tenía hambre. En aquella época, tenía peor genio cuando no podía dormir o comer con tranquilidad. El caso es que ella tenía la costumbre de subir, entrar en mi cuarto, mientras dormía, me provocaba continuamente. Supongo que quería que yo la convirtiese. Pero no es algo sencillo. Ninguno de nuestra especie convierte humanos. No es normal. No sale bien. Es mejor, nacer como tal y ya. Una noche me descontrolé y accedí a sus deseos. No pude convertirla. La quería. Después de eso, no quise salir más. El viejo  siempre ha cuidado de nosotros, como Bet. Él decía que con los años el dolor desaparece. Pero no es así. El remordimiento nunca desaparece. - Eirene por fin consiguió soltarse. Los ojos de Howen brillaban en un tono carmesí que nunca había visto. No contestó, no reaccionó. Howen acarició su mejilla lentamente, con tacto.
-Te pareces mucho a ella, hueles como ella. Diferente, pero parecida. Fue hace tanto. Aún así, sigue doliendo. Sobre todo cuando te miro. - Eirene se apartó de él insegura e incómoda. No le gustaba que le dirigiesen atenciones por ser parecida a un ser querido. Por no ser ella.
-Quizá fuese una antecesora mía. -Su tono sonó áspero, frío y distante. Nada normal en ella.
-Es posible. Una tía abuela tal vez.- Aventuró Howen sumergido en sus recuerdos inconsciente del daño que provocaba a la chica con sus pesquisas. Eirene se puso de pies y se dirigió fuera de su dormitorio. Aún era temprano,pero necesitaba alejarse de aquella situación. De él.
-No tienes que ser amable conmigo para suplir tu culpa. -Las duras palabras de Eirene le devolvieron a la realidad.
-Aún es temprano, deberías descansar. -Trató de disculparse él confundido sin comprender lo que había provocado en ella.
-Ya estoy harta. No vuelvas a visitarme mientras duermo.- Bufó enfadada cerrando la puerta de un portazo.

Salió al jardín. La oscuridad lo inundaba todo, aún faltaba un rato para que saliese el sol, por lo que sabía que Howen no se arriesgaría a seguirla fuera. Estaba enfadada, estaba disgustada. Aunque Bet y ella se entendían, eran capaces de convivir en paz, los varones de esa casa le hacían perder los papeles.
-Es temprano para salir en camisón al jardín. - Y allí estaba el otro. Eirene se dio a vuelta hacia Bermas con ganas de reprocharle todo lo que deseaba.
-Vago, vete por ahí.
-El amo te ha molestado. Deberías dejarme a mí permanecer en tu cuarto. Es más seguro.
-No volveré a llamarle así. Y no. Me gusta mi intimidad.
-Entonces yo tampoco. No pienso dejarte sola.- Sonrió. Sabía que estaba enfadada, quería que Eirene por fin se liberase y dejase de comportarse como una mujer sumisa incapaz de expresar sus verdaderas emociones.
-Dejadme en paz los dos. - Bermas se adelantó a ella y la besó. Eirene dio un paso atrás y lo abofeteó con fuerza. Bermas se acercó a ella de nuevo y volvió a besarla. Eirene volvió a dar otro paso atrás y lo abofeteó de nuevo , con menor fuerza. Bermas sonrió e hizo amago de avanzar.
Entonces, fue ella quien se adelantó y lo besó. Bermas recorrió su cuerpo con sus manos, despacio y con tacto. Acariciando respetuosamente su espalda, sus mejillas y sus brazos hasta llegar a sus manos. No tenían intención de soltarse.

Al momento, una fuerza externa los separó y Eirene salió despedida. Por suerte, fue recogida por Mura. Como siempre lucía agotada.
-No aprenden... no escarmientan... necesito unas vacaciones.- Bufó enfadada. Dejó delicadamente a Eirene a su lado. Mientras ambas mujeres contemplaban a Howen y Bermas darse una paliza.
-¿Mura, puedo preguntarte algo?
-¿Por qué pelean esos dos?
-Por ti, por su orgullo, por sus caprichos, por ser de especies diferentes, por placer, yo que sé. Bet me carga de trabajo y espera que estos dos se comporten. Entiendo que ella está muy ocupada con proteger este territorio pero desde que ese imbécil llegó a nuestra casa a pedir trabajo, las cosas se han ido complicando.
-¿Por qué Bermas está en esta casa?
-Al igual que Howen, él también busca redención. Él, ha sido un noble rico toda su vida, hasta que se despertaron sus genes. Su familia lo repudió. Vino aquí diciendo que ahora, quería servir, porque quería ser castigado por una injusticia que había cometido cuando era niño. Creo que es una chorrada, pero en aquel momento pensé, bueno, un trabajador, menos trabajo. Pero al final, con sus constantes enfrentamientos con Howen, yo no sé si sale rentable.
-Dijo que se iría. Que de no ser por mí... se habría ido. Siento los problemas que estoy causando a la familia. Nunca me había pasado algo así.
-Ya sea porque a Howen le recuerdas a su anterior ex, opinión que no comparto. Ya sea porque a Bermas le recuerdas a una chica que conoció hace muchos años a la que adoraba y se siente responsable de su pérdida, cosa que me parece una tontería, sea lo que sea, tú no tienes las culpa. Por una vez, no voy a separarlos. - Era cierto. Mura estaba allí charlando y desahogándose con ella mientras Howen y Bermas se hacían trizas uno al otro.

Bet apareció mientras amanecía deteniendo la lucha con sus dotes especiales.
-Howen a casa a comer y dormir, Mura a casa, a dormir . Bermas al bosque a recorrer el terreno, dejad de hacer el idiota.  Eirene a mi despacho. ¡YA!

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