lunes, 26 de diciembre de 2016

Delirante oscuridad (10)

Seguramente... seguramente... Mura no había terminado de decirle el qué. Pero la había mandado irse enseguida, parecía cansada y no se opuso. Durante los días siguientes continuó haciendo sus labores, cada vez, más y más cansada. No dormía bien. Sus sueños, cada vez más reales se mezclaban con sus recuerdos, temores y extrañas fantasías. Veía a una mujer parecida a ella, pero preciosa, pálida y de mejillas sonrosadas que la llamaba. Ella la seguía y la seguía pero no era capaz de entender que necesitaba de ella. A veces, se despertaba en mitad del jardín, a veces en la cama. Bet la dejaba descansar en cuanto veía que las tareas se le hacían demasiado pesadas. Nunca tenía apetito y Bet siempre la obligaba a alimentarse. Bermas, de momento le había dejado tranquila. Howen se había recluido en el tercer piso y tampoco hizo acto de presencia.

Bet, sin saber ya como ayudar a la chica, la mandó con Bermas al pueblo a por víveres, encargando al hombre que la cuidase y la mimase para que de algún modo recuperase las ganas de comer y dormir bien. Bermas preparó el carro con el caballo y la ayudó a subir. Eirene se dejó conducir en silencio con la lista en la mano bien aferrada a ella. Durante las compras en el mercado, todo fue tranquilo y fácil. Bermas la seguía detrás, firme, sujetando todas las compras, en silencio. Como un perro guardián.

Al volver al carro y cargar las cosas, Eirene sintió que las fuerzas le faltaban. Empezó a caerse. Bermas la cogió en brazos como si fuese una pluma. La sentó en el carro y empezó a examinarla contrariado. Encontró lo que estaba buscando. Alguien se estaba alimentando de ella. Tenía dos casi invisibles incisivos en la parte trasera del cuello. Con el cabello y la pequeñez de la marca era casi imposible de apreciar. Bermas golpeó agresivamente el carro. El caballo no se asustó. Se conocían bien.
-Maldito amo. Eirene. Eirene, eh, espabila. - Cogió a la muchacha y la obligó a comer de las mercancias que habían adquirido.
-Estoy bien.
-No. No estás bien. El amo está volviendo a alimentarse de seres humanos. La última chica acabó suicidándose porque el amo la tenía dominada. Tú no te preocupes. Yo estoy en la casa ahora, eso no va a volver a pasar. Déjame cuidar de ti. Hablaré con Bet y con Mura. Puedes quedarte a dormir conmigo. No es muy acogedor, pero estando en mi cuarto no se atreverá a tocarte.
-Howen es un buen amo. - Susurró débilmente Eirene casi dormida mientras se terminaba una pieza de fruta. Bermas sacó una botella de un líquido que había adquirido en el boticario y la obligó a beber. De repente ella tosió. Aquella bebida era muy fuerte.
-A partir de ahora, un sorbo todas las noches y todas las mañanas. Ya sospechaba que estaba tramando algo. No puedo creer que se aproveche de ti.
- Está asqueroso.- Dijo medio dormida. Bermas empezó a conducir el carro a casa, pensando en como ayudarla. Cada vez más furioso con Howen.

La oscuridad golpeó la senda y el caballo empezó a asustarse. Bermas se puso sobre aviso y empezó a olfatear el aire.
-Con que esas tenemos...- Murmuró casi para sí. Eirene se había quedado dormida. Bermas cogió una manta y la tapó con cuidado, mientras la dejaba entre las mercancías, atrás, en el carro. Después, ató el caballo a un árbol y le ordenó que se quedase quieto. Entonces, su cuerpo chocó con algo duro y lo apartó de Eirene.

Enseguida se puso a la defensiva, dispuesto a calibrar el ataque. Quien lo había atacado ahora trataba de atacar a Eirene. Estaba envuelto en una capa y con el rostro cubierto. Bermas no se lo pensó dos veces y atacó justo a tiempo. El maldito vampiro había ido a morder donde siempre. Era él. No había duda. Lo iba a matar.

Sin embargo cuando empezó a combatir cuerpo a cuerpo, percibió que no era Howen. Se trataba de un vampiro joven e inexperto. No sabía quien. Era un chico joven de pobre cuna. Un humano transformado que era incapaz de controlarse. Dudaba siquiera que fuese capaz de ser consciente de sus actos. Consciente o no. Bermas se transformó en un lobo gigantesco y empezó a atacarlo con sus fauces y garras.

El joven hizo todo lo indecible por pasar de él y llegar a la muchacha. Era fuerte. Muy fuerte. El hambre lo había consumido y era intratable. Necesitaba ayuda, ya no era tan joven ni fuerte como antes, por mucho que Bet lo tachase de adolescente descerebrado.

Trató de llegar al cuello y destrozarlo. Mientras con sus zarpas trataba de descuartizarlo. La sangre, los gritos y el sonido atronador de los golpes y rasgazos cubrió el lugar. El vampiro lo hirió en un costado mordiendo con fuerza, tratando de alimentarse de él. Le golpeó en la boca y lo soltó. El vampiro se apartó de un brinco. Ambos se prepararon para atacar de nuevo. Entonces Bermas aulló con todas sus fuerzas estremeciendo todo el área. Ambos combatientes volvieron a enzarzarse.

En un momento que pareció una eternidad, Howen estaba allí. El vampiro trató de huir al verse superado, pero no se lo permitieron. Bermas trató de matarlo. Howen se lo impidió y le hizo apresarlo con vida.
-Amo...él...se ha estado alimentando de Eirene.
-No puedo creer que se me haya pasado. Escucha idiota, no sé quien eres, ni de qué familia eres. Has atacado a mi empleada y voy a matarte. No sí antes...- Empezó a romperle todas las extremidades. El vampiro volvió a estar consciente y empezó a balbucear.
-No puedo controlarlo, no puedo... y ella estaba tan expuesta, era fácil llegar a ella. Caminando sola. Sola en la oscuridad de ese jardín. Dormida. No la he matado, no la he convertido... no...- Howen le golpeó en la cara.
-Eso no me vale. Es mi territorio, ella es mía. Tú familia, para poder entregarles tu cabeza.
-O lo que me permitas dejar de él.- Susurró gruñendo Bermas. Howen le sonrió estando de acuerdo. El muchacho se horrorizó.

Entonces, el viento le trajo el aroma de la muchacha, dulce, embriagador, casi perdió la cordura de nuevo. Entonces, olió un olor familiar. Aquel que lo había convertido y mandado a la locura.
Fue un instante porque al negar que no conocía de que habla sobre las familias, Howen y Bermas lo acabaron y lo mandaron al más allá.

-Voy a quemarlo. ¿Señorita Mura?- Dijo Bermas. Mura estaba comprobando el estado de la muchacha que dormía ausente.
-Menos mal. No me mires así Howen. Te dije que debíamos reforzar la seguridad y no me hiciste caso. No me preguntes como logra Eirene salir de noche, sola al jardín. Te aseguro que Bet la encierra por las noches. Yo estoy demasiado cansada trabajando de día y de noche. Seré medio vampiro pero necesito dormir. No me mires así.
-No tiene sentido que yo me controle el apetito, si luego otros se alimentan de ella.
-Ah, que bien, pensaba que te preocupaba que atacasen a tu empleada. - Le bufó Mura cansada y de mal humor.

Empezaron a discutir hasta que Bermas llegó asegurando que ya había quemado el cuerpo y apagado el fuego. No se interpuso. Dejó que Mura y Howen se subiesen y condujo el carro mientras bebía ávidamente de su petaca.

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