jueves, 24 de noviembre de 2016

Delirante Oscuridad (6)

-Mierda Bermas, control. -Le dijo Bet mientras Eirene ponía la oreja sin querer. Bet cerró la puerta de su cuarto y se interpuso entre Bermas y la habitación. Eirene estaba asustada. A media noche había oído unos golpes y se había escondido bajo la cama enseguida. Bet parecía tenerlo todo bajo control. Aún así, Eirene temblaba por lo desconocido. ¿Qué estaba haciendo Bermas a las tantas en su habitación?
-Ya. Ya. Está. -Temblaba, la voz de Bermas era un rugido extraño y seco.
-Que no se te vuelva a salir de control. Por favor te lo pido.- Bermas respiraba con dificultad. Agitado.
-Vale, vale. Ya está. -Escuchó como sus pasos se perdían en el pasillo. Bet esperó y entró a su cuarto.
-¿Eirene?-Eirene fingió dormir, sin embargo, el estar bajo la cama no la salvó de que Bet la hablase.
-Cielo, estoy mayor para agacharme. ¿Te importa salir para que podamos salir?
-No. Salgo.- Eirene salió despacio y cuando Bet se sentó en la cama ella repitió el gesto.
-Bermas es un idiota. Pero jamás te hará daño. Te lo prometo. Nuestra familia no es perfecta, pero nunca mientras yo viva pasará nada malo si puedo evitarlo. -Bet la acarició tiernamente el cabello ofreciendo un cariño y consuelo maternales que Eirene nunca había conocido.
-Confío en ti.
-Gracias flor.
-De nada.- Bet volvió a acariciarla y la abrazó.
-Siento que no hayas tenido una vida fácil.
-Estoy viva. No me ha pasado nada que no haya podido soportar. -Susurró Eirene con un tono que no admitía replica.
-Eso no es vivir, si has sufrido tanto que estás muerta en vida.- Le contestó Bet.
-No tengo miedo. No quiero tenerlo más- Bet dejo que Eirene se acostase y le dejó una llave en la mano. Después salió de la habitación y cerró la puerta con su manojo de llaves. Después la escuchó alejarse por el pasillo. El resto de la noche fue tranquila y Eirene pudo descansar.

A la mañana siguiente, Eirene se levantó, se aseó y se vistió con un vestido de tela cómodo azul, unos pantalones finos vainilla y unas botas. Algo extraño pero funcional parecido al de Bet. Fue a la cocina y se encontró con Bet que ya llevaba rato haciendo sus tareas.
-Siento haberme dormido.
-Tranquila. Lo necesitabas, si tengo que despertarte lo haré. ¿Desayunamos?
-¿Dónde está Bermas? Tengo que "hablar" con él de la seguridad. -Dijo la señora Berlag entrando en la cocina. Bet farfulló algo sobre que debía estar bebido en algún sitio holgazaneando. Mura, a pesar de ser la señora de la casa y tener que preocuparse por ese hecho, no lo hizo.
-Eirene, te sienta de miedo el uniforme de trabajo. Espero que el hecho de que nos hayan dejado las demás criadas y el incidentes de anoche no te desaliente.
-En absoluto señora.
-Llámame Mura, con tranquilidad.- Eirene asintió.
-Llámala señora, Eirene, que la hace más vieja.- Parecían amigas, aunque sabían cada una donde estaba el papel de la otra, Mura y Bet empezaron a cocinar juntas. Mura, parecía una señora muy cercana. Las dos reían y se divertían. Eirene también quería participar en aquel juego. Mura, la cogió del brazo y la puso en medio de ambas. Las tres empezaron a cocinar y a divertirse más que a trabajar.

En medio de ese juego, apareció Bermas.
-Dejad de hacer ruido. Os oigo desde el otro lado de la cerca. -Protestó de mal humor. Eirene se estremeció y de repente Mura abofeteó a Bermas.
-Nunca más. ¿Me oyes?- Bermas bajó la cabeza.
-Si mi señora. Nunca más. - Mura asintió seria. El juego divertido del desayuno se había estropeado.
-Hoy me sirves tú la comida. Bet, enseña a Eirene las tareas las normas y esas cosas más en profundidad. Me llevo a Bermas al pueblo tenemos que hacer algunas cosas.
-¿El amo necesita de algún cuidado?-Preguntó Bet.
-No.  Está de mejor humor y está tranquilo. - Eirene no entendía porque el amo no se involucraba con su familia y se guarecía en el tercer piso sin salir.

Poco después mientras limpiaban y hacían las tareas domesticas, Bet le contó que el amo era débil de salud, difícil en el trato y que desde que el viejo había muerto. Por lo visto, el padre adoptivo de Mura y del amo, había estado de peor humor, espantando y asustando a todos aquellos nuevos que intentaban entrar en su casa. Por suerte, Eirene aún no había tenido que conocer al amo, y lo peor era que según su punto de vista, ya tenía bastante con Bermas. Bet decía que los hombres de aquella familia eran buenos pero que la vida les había dado tanto sufrimiento que eran incapaces de superarlo y seguir adelante con una sonrisa.


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