miércoles, 16 de noviembre de 2016

Delirante Oscuridad (5)

Mientras  Bet hacía compras armando gran alboroto por todo el mercado que ya deseaba echar el cierre, Eirene y el hombre se quedaron en el carro esperándola.
-Eres, el señor Bermas, supongo.
-Si. Kendal Bermas, me llaman Ken o Bermas. Como prefieras.- Eirene se extraño.
-Oh...-Él le cogió delicadamente la mano y se la estrechó con suavidad. Ella se estremeció avergonzada. 
-No entiendo porque Bet te ... ejem, bueno, y te llama...- Kendal empezó a reírse. 
-Bet me respeta y me tiene cariño, muy en el fondo. Le gusta llamarme por el apellido e insultarme para mantener las distancias. Es una buena mujer y yo la tengo en alta estima.
-No hablas como un conserje.- Observó de repente Eirene.
-En su momento, hace mucho, mucho, tiempo, me dieron una educación algo mejor que la media. Pero no dejo de ser un zoquete.- Ella sonrió un poco.
-Mejor. -Susurró Kendal.
-¿El qué?- Se tapó la boca al momento temiendo haber hecho malo. 
-Creo que es la primera vez que te veo sonreír de verdad. -Le susurró al oído mientras se acercaba a ella.
-No. No. Yo. Perdón.- Eirene se avergonzó por tenerlo tan cerca. Kendal lo notó y se alejó.
-Nadie pide perdón al conserje. Si necesitas cualquier cosa, cuenta conmigo. -  Ella asintió conforme. Miró hacia el camino que daba al mercado esperando que Bet apareciese con las otras doncellas. Pero en vez de eso, apareció Bet completamente cargada y muy malhumorada.
-Maldita sea. - Kendal fue despacio y con calma para cargar las cosas. Bet prácticamente se las lanzó encima. Kendal con gran habilidad y destreza las recogió al vuelo y las guardó con tranquilidad en el carro. Bet se subió y se sentó bufando enfadada.
-¿Qué pasa?- Eirene se subió al carro y se sentó a su lado.
- Se han ido. No van a volver. Te lo dije.- Susurró Kendal.
-Cállate tarugo. -Ken se subió y comenzó a dirigir el carro hacia la mansión. Llegarían en noche cerrada sino se daban prisa.
-Es normal Bet, ninguna persona aguanta al amo. Lo sabes. 
-Callate. 
-Si el viejo estuviese vivo sería diferente. Pero desde que no está el amo está de mal humor y hace lo que sea por tener a todo el mundo lejos. No puedes culparlas a ellas ni al amo. Es así.
-¡Me aburro! No puedo seguir así. Pensé que con la señora iría todo mejor. Mira, con Eirene habríamos sido 4 doncellas en la mansión, eso habría sido un éxito.
-Vete. Sino lo aguantas vete.
-Eso querrías tarugo, eso querrías.
-Yo no quiero que te vayas. -Susurró Eirene de repente.
-¿Ves? Que haríais sin mi en la mansión?-Eirene sonrió, sus discusiones aunque acaloradas eran amistosas llenas de energía y positivas, a su manera. Podía acostumbrarse a ello. 
-Nadie a dicho que no. Pero deberías dejar de asustar a Eirene. Es una chica sensible y se altera cuando gritas como una loca.- Dijo Kendal tranquilamente. 
-Está bien. Me calmo. Eirene, espero que no te lleves una mala impresión. -Eirene amagó otra sonrisa tímida.
-Por mi está bien. Siempre y cuando no haya discusiones fuertes. Puedo aguantarlo.
-No, tranquila, Bet siempre es así. -Bet volvió a insultarlo y así continuaron discutiendo hasta llegar a la mansión, dejar el carro, resguardar a los caballos y cuidarlos, preparar la cena y servirla a la señora. Eirene asistió a la tranquilidad de la rutina establecida por la casa como algo natural. Fijándose en cada detalle. Tras cenar y recoger, Eirene, Bet y Kendal cenaron juntos en la cocina. Bet preparó una cena aparte y la subió al piso prohibido.  Kendal y Eirene se quedaron a solas de nuevo. Kendal sacó una petaca y se puso a beber dando largos tragos. Eirene, empezó a alejarse despacio y con disimulo. Kendal lo percibió enseguida.
-No soy un borracho violento. -Susurró con tranquilidad.
-No confío en nadie que dependa de la botella.- Kendal sonrió, se levantó, se fue por la puerta trasera que daba a la calle. 
-No te molestaré tranquila. En mi caso, es precisamente la botella lo que me mantiene tranquilo. Buenas noches Eirene y bienvenida a la casa Berlag. 

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