lunes, 24 de octubre de 2016

La decisión de Maeve (19)

Galván decía la verdad, la ciudad del Puerto esta lleno de Arcanos que luchan entre sí, entre criaturas y humanos que se matan unos a otros o se sacrifican a las puertas del templo tratando de entrar sin poder regresar. Galván se prepara sacando su espada. Ehogan envuelve entre sus brazos a una desfallecida Maeve. Cada vez está más débil. Temo que la próxima vez que se duerma y despierte, no sepa ni quien es. Ni quienes somos nosotros.
-Tengo que llegar al templo. -Balbucea Maeve casi inconsciente.
-Para eso tengo que dejaros pasar. Necesito que me cubráis hasta que pueda abrir la puerta y enlazaros a mí para que podáis regresar de allí vivos. - Nos pide Galván decidido. Yo  saco de mi toda mi valentía y mi fuerza.
-¿Cuanto tiempo necesitas?- Le digo mientras me preparo mentalmente para lo que voy a hacer.
-Para abrir el portal tres minutos. Para manteneros atados dos más, después, tendré que tener un hechizo que me proteja de los ataques. Están todos locos...-Dice Galván asustado.
-Ehogan, Galván, id con Maeve hasta el templo. Esperadme en la puerta. Yo me encargo de esto.

Ehogan me mira con un atisbo de asombro, duda y preocupación. Maeve apenas se mantiene despierta. Galván asiente sin osar contrariar a una Arcana. Maeve me enseñó bien.
Los dejo atrás y hago que todos los presentes me vean. Cojo la energía del sol y la proyecto como un haz potente de luz. Todo se detiene en un instante. Sonrío. Hace milenios que deseaba hacer esto. Tomo aire y me digo a mí misma que esto lo hago por Maeve, por mi. Nada me importa más. Todos los aquí presentes son un estorbo, van a morir porque necesito quitarlos de en medio. Nada me place más. Por fin, mi frustración va a evaporarse. Quizá esta masacre llame la atención de nuestros Padres y Dioses ausentes. Nada más extinguirse el haz de luz todos van a por mí. Humanos, seres y Arcanos de Padre y Madre. Todos saben quien soy y saben lo peligrosa que puedo ser cuando me dejo llevar.

Adelanto un pie y coloco mi cuerpo en posición de ataque, mis alas incluidas. Ahora va a ver el mundo de lo que Eri, yo, soy capaz de hacer. Empiezo a esquivar cada golpe de cada individuo como una danza fluida y continuada. Recojo toda la energía de los rayos del sol, toda la energía que puedo mientras el cielo se encapota. Si es preciso secaré el sol de toda su energía. Aunque no necesito ni una pizca de su totalidad. El sol es una fuente inmensa de energía y yo solo un punto minúsculo del mundo. Transformo la luz en látigos largos que alargo y contraigo a voluntad. Procuro prestar atención a Galván a Ehogan y Maeve que discretamente van hacia el templo. Cuando llegan a la barca y empiezan a cruzar hacia el islote, paso de la defensa al ataque.

Toda mi ira se desata. La luz hace lo que yo quiero. Mientras esquivo los ataques de todos, me muevo con soltura a una velocidad que muchos desconocen que puedo alcanzar. Con los látigos atravieso todos los frágiles cuerpos que se me interponen y los demás haces de luz del sol los materializo en su estado y lugar natural y los uso para atacar desde ahí. La sangre inunda las calles, las ruinas se empobrecen ante mi descontrol. Los gritos ahogados, los golpes, los ruidos de la batalla. Todos se ensordece. Algunos, se dejan sacrificar. Unos atacan ayudándose unos a otros contra mí. Maeve fue una gran maestra. La mejor. A pesar de que no soy de primera generación soy una rareza, soy más fuerte que la mayoría. Me divierto. Mientras asesino a todos los presentes, uno por uno, en grupos, volando, saltando, moviéndome a una velocidad que supera la luz. Uno tras otro van cayendo, muertos sin excepción. Ya han llegado al templo. Ahora Galván necesita cinco minutos para prepararse. Ahora voy a aumentar la velocidad, seamos buenos y no les hagamos sufrir.

Cincuenta, sesenta, setenta, ochenta, noventa, cien y pierdo la cuenta. Todos los que ataban esta área están muertos en menos de cinco minutos. Por fin me detengo cansada de tanta potencia, fortaleza y fuerza que acabo de descargar. Solo me queda uno. Es un Arcano de Madre, tercera generación. El único superior a mi rango de los que he matado. Sin embargo, no me intimida.

-Bravo. Muy bonito Eirian, precioso. ¿Cómo vas a expiar esto?
-Oh, no voy a expiar mis pecados. Solo quiero que me vean. Quiero llamar su atención.
-Has roto todos los juramentos a los que estabas atada. ¿Cómo puedes ser tan malvada?-Sonrío y me relamo la sangre de mis victimas. Ahora entiendo a Ehogan cuando devoró a Aya. Delicioso.
-Los rompí el día en que el mundo le dio la espalda a la única criatura que en verdad durante toda su existencia  lo cuidó, mimó y protegió sin pedir nada a cambio. El día en que mi maestra y mentora fue traicionada, obligada a vagar en la muerte en vida. A sufrir un tormento que no merecía. Ella a cuidado de todos nosotros siempre, Arcanos, humanos, seres. A todos.  Algo que Madre y Padre nunca han hecho. -El Arcano, se prepara. Mi yo interno arde en deseos de una buena pelea.
-Brent, ¿Vas a expiar tus pecados o los míos?- Envuelvo la luz en torno a mí, mi cuerpo parece envuelto en electricidad.  Mi sadismo parece confundirlo.
-Soy mucho mejor que tú, soy mucho mayor que tú. -Su voz tiembla. Una pena, desearía que estuviese seguro de sus capacidades. Así la pelea sería más justa. Yo no me aburriría tanto. Un minuto. Siento el poder de Galván allá en el islote frente al templo.
-Unas generaciones de nada. Eso nunca supone una gran diferencia. Tengo muchas ganas de matar, llevo reprimiéndome muchos, muchos milenios y siglos.

En el momento en que Brent se lanza a por mí dejo que fluya toda la electricidad que he acumulado. Exploto, que placer. Que alivio y que ganas de más. Más, más, más...aumento la velocidad, la fuerza, mis aptitudes naturales se desatan por fin. Recuerdo unas vagas palabras de Maeve cuando yo era una niña pequeña.
-Guarda silencio sobre tus capacidades, guarda tu fuerza, reprime ante todos lo que eres, yo cuidaré tu secreto y te ayudaré a conducirlo por el buen camino. Temo que sino te maten por envidia o miedo.- Eso hice, eso hice durante milenios y siglos, pero hoy, hoy por fin puedo romper esa promesa porque no pienso dejar a nadie con vida para que pueda matarme. Hoy es la venganza de Eridian. treinta segundos. Esta vez, no utilizo mi magia. Saco mis garras, hora de despedazar con dientes y uñas todo lo que pille de ese Brent a mi paso. Al principio le oigo gritar cuando le arranco el brazo y la pierna. Luego parece balbucear algo. Explosiona, en un vago intento de matarme a toda costa. Como si fuese un sorbete, la energía entra en mi y de nuevo siento la energía correrme por el cuerpo. En un momento, ante sus ojos llenos de terror, sorpresa y sufrimiento extremos, lo despezado en los diez segundos que me quedan. Cuando termino de devorarlo, pienso en lo difícil, ahora viene el momento en el que debo reprimirme. Cierro los ojos y me dirijo directamente al agua del lago. Entro en él y trato inútilmente que la resistencia vaga del agua me retrase.

Cero segundos. Expando mis alas levitando lentamente frente a la entrada del templo.
-¿Así bien Galván?- Mi voz suena amistosa, suena sádica, llena de una felicidad que no se corresponde al horror y genocidio que acabo de cometer, que volvería a cometer sin detenerme nunca. Ehogan, se adelanta despacio alza el vuelo hacia mi despacio. Si, podría ...podría ahora...
-Eri, para. Estás asustando a Maeve.- Miro a Maeve, no me está mirando, ni siquiera parece haberse percatado de nada. Solo mira a la entrada que Galván a abierto en la puerta del templo.
-La playa oscura...-Murmura con una felicidad que me apaga totalmente. Toda mi energía se repliega en el acto. Ehogan me recoge de nuevo. Me sujeto a él.
-No. No necesito tu ayuda.
-Lo sé. Eri, gracias por lo que has hecho.
-No me des las gracias por destruir, por asesinar. Harás que me arrepienta. -Intento sonreír y miramos a Maeve. Ambos lo hacemos por ella. Por que ella lo merece. Vale todo de todo el mundo. Ella es quien merece la felicidad, la ayuda y todo lo que podamos darle. Galván nos avisa para que entremos.
-Si necesitáis salir, decid mi nombre en voz alta. Yo os sacaré de ahí. Ahora os toca a vosotros.- Nos despedimos de él. Maeve entra sin ser consciente de nada de lo que sucede a su alrededor  movida por los impulsos. Yo tras ella sin pensar. Ehogan se despide de Galván con un gesto triste, de gran cariño que se me escapa cuan importante es.

La playa. Ahí estamos nosotros, Ehogan y Eridian. ¿Dónde está Maeve? ¿Y nuestros Padres? Grito de desesperación llamando a Maeve. Insultando a la creación a los Dioses, ahora aquí si que puedo perder todo. Ehogan me toma de la mano con cariño y me obliga a mirarle a los ojos. Su sosiego en su mirada es mi luz, luchando contra mi ira que es mi oscuridad. Un Arcano de Padre que guía hacia la luz a una perdida Arcana de Madre, en las tinieblas de su propio corazón.
-Vamos, rescatemos a nuestra amada. - Yo asiento tratando de recuperar la valentía.
-Ayúdame Ehogan. -Le pido al fin.
-Vamos. -Responde afirmativamente sin dejar de  apretar mi mano con fuerza para no perderme a mi también.

2 comentarios:

  1. ¡Qué grata sorpresa! No esperaba otra parte tan pronto. Me has sorprendido aquí. Tu relato de Maeve se ha movido últimamente por el intimísimo, la ternura, los diálogos bien trabajados, mitología clásica romanticista. Este capítulo es completamente diferente. Un desenlace mucho más feroz y presuroso, un deliro de rabia, muerte, venganza, un escenario cruel y cruento. Lo he vivido con la nitidez, los colores y el estruendo de los mangas japoneses. La misma trama está en esa línea. El inicio es emocionante y trepidante. Este capítulo está lleno de rabia contenida que al final se desata. Es muy visual y muy al estilo de esos mangas japoneses que hacen tanto furor, es una transformación de tu relato ya en los estertores finales. He visto que a medida que avanza este episodio, según escribes, algunas frases están poco pulidas, quizás por el arrebato de escribir, todo fluye tal y como lo va en tu mente. Podía haber quedado mucho más bonito con un poco más de paso ligero, que es algo difícil de lograr y se logra con experiencia y mucho trabajo de años, no se logra en un día. Por ejemplo, siento la energía correrme por el cuerpo. Suena incluso ordinario... mejor, siento cómo la energía va fluyendo o deslizándose a través de cada poro de mi cuerpo... creo que podrías mejorar incluso mucho más si las frases que escribes las lees varias veces e imaginas formas más bellas de expresarlas. Las descripciones incluso impregnadas de toques poéticos, algo que se logra con reflexión, respirar, ver qué tal suena esa frase leyéndola varias veces y por fin buscar la belleza no la simpleza. Pasa mucho que se comienza con mucho fuelle y después, poseídos por el alma del escribano, perdemos la concentración y todo fluye como una cascada que no se puede gobernar. Hay que aprende poco a poco, yo también, a gobernar ese timón. Ahora que has avanzado tanto podrías mejorar más ampliando vocabulario. Unas veces puedes utilizar algo como.... hizo un giró y voló.... ejecutó una cabriola y se izó en el prístino cielo ceruleo,..... bueno son sugerencias. Bravo!!!! Ya me pasaré a leer tus comentarios. Hasta pronto!!!!!

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    1. Cierto! Gracias por los ejemplos y las sugerencias. Si es cierto que cuando se describe una escena de batalla, a mí personalmente me sucede que necesito emplear palabras sencillas, brutas, rápidas, apara ayudar al tempo. Pierde belleza, claro. Me han enseñado que dependiendo de la circunstancia, del personaje es más recomendable ajustar digamos el vocabulario a ese momento. Pero si es cierto que siempre es bueno ampliar vocabulario y por supuesto repasar varias veces cada palabra, cada frase etc... Ya solo queda uno para la cuenta atrás. Espero que te guste el desenlace.

      Como siempre, un placer haberte entretenido y haberte sorprendido.
      Hasta pronto!!

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