sábado, 22 de octubre de 2016

La decisión de Maeve (18)

Nada más salir de la cueva, la luz me golpea con fuerza. Hace calor, la mañana ha avanzado bastante. Me siento con fuerzas renovadas y positiva. Tanteo en mi cabeza los recuerdos que tengo. Veamos, recuerdo que Ehogan y Eridian o Eirian, vienen conmigo porque me aman, él es arcano de Padre, ella de Madre. Nuestro viaje comenzó cuando Ehogan se me declaró en el templo de una mujer cuyo nombre no recuerdo. Bien, me siento optimista. Eridian ya tiene todo preparado para irnos, me sigue con una actitud defensiva y prudente. El viaje nos conduce a la playa del oeste, que Eridian me dice que está en el primer templo. Solo queda pasar las simas y llegaremos al puerto.

Veo a Ehogan hablando con un hombre que no conozco. Por la indumentaria, parece haber salido de una pelea terrible. Parece cansado y agotado. Un impulso me lleva ir hasta él y abrazarlo para darle consuelo. Al tocarlo, viene fugazmente un recuerdo de mi misma sosteniendo un bebé y dárselo con confianza a Ehogan. Este hombre y yo estamos unidos por el pasado. Es una verdadera lástima no poder recordarlo.
-Maestra Maeve... no llore. -Me quito las lágrimas que se me han escapado al recordarlo.
-Tienes un aspecto lamentable.- Intento sonreír.
-Lamento no estar presentable para vos. -Yo niego enseguida pidiéndole perdón por haberlo ofendido.
-Oye, a mí no me hablas así...-Murmura algo enojado Ehogan.
-Lo siento. Pero tú no me lo permites tampoco. -Sonríe el hombre y me fijo en que tiene varias cicatrices en el rostro. Las toco despacio, sin pedir permiso, impulsada por mi instinto.
-¿Cómo te has hecho esto? ¿Quien...?
-¿Quien eres?- Pregunta Eridian a mis espaldas. No se anda con tapujos. Es directa.
-Este es Galván, un antiguo alumno mío. - Se explica Ehogan con dificultad.
-Siento que lo conozco de algo, pero, no puedo recordar nada de mi pasado. Lo siento Galván.- Me disculpo entristecida. Él me coge las manos y se inclina ante mi como un amago torpe de reverencia.
-Galván ya lo sabe. Le he explicado la situación. Me ha dicho que están en guerra en el primer templo y que no debemos ir, es muy peligroso. - Nos aclara de nuevo Ehogan. Galván me mira de arriba a abajo maravillado, dejándose tocar y sin protestar ni decir nada cuando Ehogan habla.
-Maestra Maeve. Por favor, dejadme protegeros. - Se arrodilla y mantiene mis manos atrapadas por las suyas. Le ayudo a levantarse y consigo soltarme avergonzada.
-No quiero que nadie se haga daño por mi culpa. Oh, o algo peor.- Me cruzo de brazos perdiendo todo mi optimismo de esta mañana. Galván saca del cinto una espada larga y la levanta como en un juramento.

-Juro solemnemente que daré mi vida por protegerte Maestra Maeve.
-No creo que a ella le haga mucha gracia que des tu vida por ella. Sobre todo después de lo que hizo por ti- Le susurra Ehogan entre risas como si le pareciera gracioso que Galván fuese tan formal.
Eridian se interpone entre nosotros y tira de mí hacia el camino.
-Nos ponemos en marcha, lo siento por Galván pero tenemos un destino, una misión y ya puede acabarse el mundo que no pienso abandonar ahora.

Mientras Eridian me obliga a caminar, veo como Galván y Ehogan se nos unen en silencio. Galván con una determinación de hierro. Ehogan con una sonrisa tierna y amable. Por una vez, me asalta la duda y la curiosidad. ¿Quién soy? ¿A cuantas personas les he hecho daño? ¿A quienes he podido salvar o ayudar? ¿Que sentido a tenido mi existencia? ¿Por qué ellos son mis aliados? Yo no debo ser la sombra de quien fui en otro tiempo. Hablan de mi en el pasado como una dama importante, como una mujer fuerte, valiente, una mujer dispuesta a sacrificarse por los demás, una mujer admirable en todos los sentidos. Yo, no me siento así en absoluto. Solo soy una muchacha perdida en un mundo que cada día desconoce un poco más.

Avanzamos e silencio, sin más esfuerzo que el de escalar las simas, bajarlas, subirlas, sortear los obstáculos sin detenernos. Incluso la comida la hacemos en mitad de la marcha. Eridian tiene mucha prisa por llegar a pesar del peligro o del horror que nos aguarda allí. Galván, es un hombre fuerte, acostumbrado al camino y muy curtido. Es un buen hombre, monje de Padre. Le pregunto sobre sus habilidades. Se limita a darme respuestas cortas y sin mucha explicación, pero pone atención a todo lo que le digo y a lo que hago. Incluso si voy a tropezarme, se adelanta y me ayuda. Ehogan se ríe y Eridian se molesta. Así, avanza el día hasta la siguiente noche. Llueve. hace frío. Galván se adelanta con Eridian para explorar el mejor camino y llegar a un refugio que el ocupó la vez anterior. Ehogan me coloca su manta de viaje y me la coloca encima, me coge en brazos y no me deja avanzar más por mi cuenta.
-Si puedes dormirte, hazlo. Yo te cargo ahora. - Le doy un tímido beso en los labios como agradecimiento y Ehogan lo recoge prolongándolo un poco más.
-Gracias. - Me sujeto a él y me quedo dormida enseguida mientras escucho como empieza a volar.


4 comentarios:

  1. Holaaaa

    Es un placer estar de vuelta y en contacto para compartir ratos literarios. Está genial esta parte, sobre todo el final, que nos,muestra un pedacito de esas emociones de los personajes. Es una parte de la novela emotiva, que profundiza creo yo en el intimísimo, muy bien. Muy tierno. Agradezco tu ofrecimiento Suara. También puedes contar conmigo en lo que este en mi mano. Si puedes, sin compromiso, y tienes opción a redes sociales o gente que no le,importe poner en algún blog o,red mi blog sería genial. Sin compromiso. Hasta pronto. Esta novela se acaba casi, muy bonita.

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    1. Por supuesto. Veré que puedo hacer y en cuanto tenga algo te comento. si, en efecto ya queda mucho menos. Gracias. Me gusta mucho ahondar en los monólogos internos de los personajes, en sus emociones en esos conflictos tan invisibles en el mundo real. Seguimos en contacto.

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    2. Muchas gracias, amiga. Muy bien expresado, los monólogos internos invisibles en la vida real. Es un arte poner en palabras esos monólogos de cada uno, transmitirlo al papel. Una de las cosas que más me gusta al leer y escribir es lograr que el lector pueda observar a través de una mirilla lo que hay al otro lado de las palabras. Los escritores somos algo exhibicionistas creo yo, mostramos en palabras para ser observados, emociones desnudas, y el lector es el codicioso observador que se acerca a "espiar" a través de una mirilla lo que esos personajes, parte de nosotros, muestran a través del simbolismo de las palabras. No sé si tiene sentido, ¿Tú que crees?. Bueno, espero tu próxima entrega y tus opiniones sobre este particular tan interesante creo yo para debate. Hasta pronto

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    3. Creo que sí, en efecto, es lo que se llama el pacto del lector con el autor. Yo te abro la puerta a un rincón nuevo, te muestro algo de ficción que tú aceptas que es una ficción pero lo tratas de vivir como si fueras real. De modo que al acercarte a esa mirilla, en realidad, lo que se intenta es que el autor no solo vea desde la mirilla, sino de que entre por la puerta y acabe siendo quien vive la historia. La primera persona ayuda mucho a reforzar eso. Cuando tenga libre, le dedicaré tiempo al siguiente capitulo. Muchas gracias por interesarte por mis escritor y razonar sobre ellos. Saludos!

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