viernes, 21 de octubre de 2016

La decisión de Maeve (17)

La brisa nocturna es tan agradable, la noche es tan reconfortante, protectora. Ver en la perfecta oscuridad lo que nadie ve, apreciar los pequeños detalles, observando como la vida reposa apacible mientras que otros viven lo que de día ha reposado. La luna se muestra tímida esta vez mientras que las estrellas brillan con todo su expendedor. Intento perderme en esto, no pensar en nada más. Le he cedido a Eridian una noche la oportunidad de estar con ella. No me hace mucha ilusión, pero. Sabiendo lo que sé, sucediendo lo que está viniendo, sabiendo del pasado que provenimos y del futuro, creo que es lo más acertado. Por Maeve, estoy dispuesto a ayudar a Eridian. Compartimos el mismo interés y el mismo objetivo y pelearnos, solo nos traerá más sufrimiento innecesario. No quita, que no tenga celos, que no tenga ganas de meterme en medio y destruir a Eridian. Me tumbo apaciblemente en la hierba. Lejos de la cueva. Dejo que pasen las horas, vigilando y dejando que la esencia nocturna me impregne de su energía.

Las horas pasan despacio pero sin pausa. Finalmente el sol hace su entrada triunfal solemnemente sin más competencia que unos pequeños nubarrones lejos de alcance. El rocío de la mañana se adhiere a mis ropas, mi pelo, mi piel, sin provocarme frío o repulsa.

En ese momento, veo por el camino, contrario al sol, desde el oeste que se acerca una figura sombría. Camina despacio, pesadamente. Huele a polvo, horror, agotamiento y debilidad. Sé quien es. Me levanto, me dirijo hasta él. Me presiente enseguida, se deja caer cuando lo recojo. Aliviado. Le transmito mi energía sin pensarlo. Parece que lo recibe como un sediento el agua.

Lo reconforto lo mejor que puedo. 
-Estás a salvo...-Le abrazo y le retiro lentamente la capucha.

 Es un hombre que aparenta los treinta muchos, con una cabellera negra que ya tiene varias canas. Siempre ha tenido un porte regio y atractivo, incluso ahora arrebataría el aliento a muchas personas. Pero en estos cien años parece haber envejecido mucho más de lo normal en su especie. Tiene varias cicatrices en su rostro, una barba de tres días, desaliñado. Cómo si viniese de peregrinaje tras una larga y cruenta batalla.

-Intente...salvarlos...de verdad que lo intenté...-Le llevo fuera del camino.

Le hago sentar bajo un árbol del que recojo varios frutos y se los doy a comer. Se apoya en el tronco y cierra los ojos agotado. Un monje de Padre digno de su nombre. Galván, el alcón blanco, puro, siempre tratando de salvar a los menos afortunados. Cuando era niño recuerdo que tenía que sacarlo de apuros continuamente porque trataba de ayudar más de lo que podía abarcar. Lo he tenido siempre como un niño puro e inocente pero valiente que lucha por lo justo. Por eso, cuando Maeve me ayudó a salvarlo cuando era un bebe, me aseguré de vigilarlo, educarlo y ayudarlo como si fuese mi propio hijo. Como si fuese nuestro. Aunque ella no le recuerde ni le haya vuelto a ver desde que era un bebé, él seguro que la recuerda porque siempre le he recordado lo que ella hizo por él.

-Galván, descansa. -Intenta levantarse, intenta balbucear avisos e información. Está demasiado cansado a pesar de que le he dado algo de mi poder. 
-Se comenta que te comiste a Aya. Tú vas y me das tu energía. No se cómo sentirme al respecto Maestro Ehogan. -Lo había olvidado, estos rumores siempre complicando mi vida.
-Y dale con Maestro... Llámame...Ehogan.
-¿Es cierto lo que se rumorea? ¿La Maestra Maeve está bien?-Se reactiva de repente preocupado. 
-Maeve. Si la llamas así...-Él me interrumpe nervioso como si su presencia le abrumase. 
-¿Está aquí? ¿Puedo verla?... nunca me dejas verla...tengo que avisarla...tengo que...-Intenta levantarse a toda prisa.

No se lo permito. Voy a dejar a ambas descansar un poco más. El necesita descansar.
-Em, si. Primero descansa. 
-Estoy tan cansado, e impresentable...-Se pone colorado. Nervioso. Le acaricio el pelo para peinarlo.
-No te alteres, ella no puede recordarte. Le dará igual tu aspecto. Ella no se fija en eso.- Parece relajarse un tanto.
-Eso no quita lo que hizo por mi, lo que ambos...yo necesito verla y darle las gracias.-Le urge, no va a dejar pasar esta oportunidad. Por eso decido advertirle. 
-Maeve no recuerda nada. Es humana. Si tratas de hacerla recordar, perderá recuerdos. -Sigo sin poder creerlo. Sigo sin poder asimilarlo. Él tampoco parece creerlo.
-No...-Palidece y se obliga a sí mismo a contener el llanto y la ira.

Tras un largo silencio murmura:
- Así que es cierto. ¿Maeve se muere? ¿La única Arcana de Madre de primera generación se muere?
-Yo tampoco soy capaz de creerlo. -Le confieso triste.
-Debe afectarte mucho... Yo sé lo mucho que la bueno, tu dices que no, pero es obvio, para todos que quieres mucho a Maeve.- Yo asiento conforme, incapaz de ocultarlo más tiempo. Se sorprende de mi sinceridad. Pero aún así, solo puedo responder: 
-No soy el único.- Trata de nuevo de levantarse y advertirme:
-No vayáis al puerto. No vayáis al templo. Están pasando cosas horribles. 
-¿Vienes de allí?- La última vez que lo vi, estaba de camino al templo del Este. 
-Los Arcanos empezaron a aglomerarse allí hace dos años, empezaron a haber disturbios en la ciudad y al final quedó desierta. Solo quedamos los del templo y los Arcanos que habían sobrevivido y convertido la ciudad en terreno de perpetua batalla. Al final hubo un alto, decidí acudir a la reunión para tratar de mediar. Resultó que Padre y Madre no escuchan, no responden, no ...nada. Los monjes hemos perdido el favor de los dioses, los seres pierden su longevidad y poder, los humanos con dones especiales se vuelven mortales normales, los Arcanos se vuelven débiles, pierden su fuerza. Muchos han empezado a suicidarse en masa para renacer. Otros han tratado de arrebatar y alimentarse entre sí. Por eso cuando oí lo de Aya pensé que te habías vuelto corrupto...
-Es cierto, pero necesitaba ...lo necesitaba. Tengo que proteger a Maeve tiene que estar a salvo. 
-Yo... bueno, no soy quien para...también he hecho cosas...cosas...- Parece un niño sollozando así. Le doy unas palmadas en la espalda que recibe con gusto.
-Decirle a Maeve que no vaya será inútil. Es el único motivo por el que vamos. Ella quiere...ir allí. No sé porqué. -Me mira de arriba abajo. Creo que nunca me ha había visto tan perdido, tan preocupado, tan sentimental y sincero. Lo entiende. Me devuelve las palmadas en la espalda.

-Es peor de lo que pensaba...todo...todo el mundo... ¿Se va perder?
-No. No seas tan... primero descansa y luego hablaremos mejor de todo. 
-Quizá si descanso sea demasiado tarde. Presentarme a Maeve, déjame hablarle de lo que sucede. Dejadme ayudaros a salvarla. Se lo debo. 
-Cada día te pareces más a ella Galván... aunque no sea tu madre. Estaría orgullosa de ti, si pudiera recordarte y ver en lo que te has convertido. - Le digo completamente ensimismado y entristecido por el futuro que nos espera. Desearía que esta noche, o la anterior, no hubiesen acabado jamás. 

2 comentarios:

  1. Gracias Suara por espaciar más los diálogos y descripciones como te sugerí. Eres una escritora con talento natural, eres muy joven y ya has avanzado mucho desde tus primeras obras. Está genial cómo pasas de diálogos a descripciones. Los detalles son cada vez más visuales, que es algo que también me gusta y busco en los escritos. Me encanta cómo defines a este hombre treintañero, esas canas del paso del tiempo. Está genial el toque de reflexión y pena en la conversación, la revelación de que Maeve se va...

    En definitiva, sigo con más atención tus novelas porque he visto a una escritora que quiere mejorar y pone lo mejor de sí en ello. Si te puedo ayudar con mis consejos o en algo con tus relatos será un placer. Voy seleccionando aquello que merece la pena, y ahora estos escritos tuyos van en esa línea. Creo que ahora que esto acaba deberías tocar otros géneros, probarte en otras líneas. Según he leído en otros capítulos de esta historia que ya acaba ha habido un poco de todo, he visto parte de tu inconsciente ahí entre líneas y eso me ha resultado interesante. Hay mucho de nuestros pensamientos, deseos, etc en lo que escribimos, aunque usamos personajes para vernos a nosotros mismos desde fuera. Es algo irresistible en cierto modo, que engancha, crear personajes y llevarlos donde nosotros no vamos pero si lo hacemos con nuestra mente. Bueno espero no haberte aburrido con este tostón. Saludos

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    1. ¡Hola! Como siempre, un placer leerte, sé que cometo errores, que debo siempre expandir y mejorar en diferentes géneros. Se agradece mucho que me lean, que me comenten, que me den consejos, porque sabiendo lo que hago bien y lo que hago mal podré mejorar. Para nada un tostón. Un tostón es algo que no interesa y recibir feedback de mis escritos es mi mejor recompensa. Como siempre, si crees que puedo echarte una mano con tus escritos, bien a publicitarlos bien porque deseas mis comentarios, ya sabes donde encontrarme.

      ¡Saludos!

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