lunes, 31 de octubre de 2016

Delirante oscuridad (3)

Eirene, apenas se atrevió a moverse cuando abrieron la puerta. Desde que había despertado, se había escondido como una niña asustada bajo la cama, con la esperanza de que al entrar alguien, pudiese ver que se había ido y correr ella hacia la libertad. Pero se había quedado petrificada del horror.

Vio a una mujer vestida de sirvienta, mayor, bastante mayor, unos sesenta quizá. Al percatarse de que estaba bajo la cama, su semblante se tornó dulce y lleno de preocupación. Dejó lentamente las toallas y unas prendas que había traído y sin acercarse le habló con dulzura.
-¿Pequeña? ¿Estás bien? ¿Puedes salir de ahí? Mi espalda no es la que era y si me agacho para ayudarte quizá no me vuelva a levantar.-Se rió de su propia limitación y al ver su sonrisa, Eirene no pudo evitar sentir alivio.

Se arrastró despacio fuera de la cama. Se puso de pie muy despacio y con gran inseguridad aún. La mujer cerró la puerta a sus espaldas y abrió la otra. Había una bañera y un retrete. La bañera estaba llena de agua caliente y espuma. La invitó a meterse. Eirene se desnudó despacio dejando caer el camisón. Entró despacio. Estaba ardiendo y sintió un escalofrío agradable. Le encantaba el calor. El extremo calor. Se metió despacio para degustarlo lo máximo posible y su cuerpo lo absorbió enseguida sintiéndose segura y tranquila. La espuma blanca inmaculada olía sublime a lavanda o azahar, no lo sabía. No era muy sabia en esas cuestiones.

 La mujer comenzó a enjabonarle el pelo despacio  y después cogió un palo y con la esponja del extremo,  limpió el cuerpo.
-Yo no sé, pero hay que decirle al amo que se encargue de la seguridad. Mira que permitir que dejen a una pobrecita desvalida abandonada en mitad del portón. Debería despedir a ese borracho del conserje. ¿Para que narices le paga sino es capaz de estar despierto en su ronda? Lo siento querida. me presento. Soy Bet. -Empezó a aclararle el cabello ayudándose de una jofaina.
-Eirene.- Dijo mientras se levantaba y Bet la tapaba con una toalla.
-Un nombre precioso señorita Eirene. - La ayudó a salir de la bañera y empezó a secarla.
-No soy de alta cuna.- Intentó quitarle la toalla y secarse ella misma. No estaba acostumbrada a tanto lujo, ni atenciones. Pero para cuando quiso darse cuenta Bet ya había arrojado a un lado la toalla y la estaba vistiendo con una lencería fina, una camisa y unos pantalones de lino marrones. Era una mujer rápida y eficiente.
-No importa. El amo no hace distinciones entre alta o media o baja cuna. Trata  a todos sus invitados por igual y en base a sus "modales" o si le caen en gracia. Que suele ser más bien pocas veces.
La verdad es que este sitio tiene muy pocas visitas, no me extraña, el amo es un hombrecito enfermo y no suele tener fuerza para aguantar reuniones sociales. Por suerte ahora que esta la Señora Mura, parece que esto se anima un poco. Me alegro, ya se que es más trabajo para mi y mis sub empleadas pero oye, es más trabajo y a mí eso me da energía. Una pobre vieja como yo, necesita acción. Por cierto, estás en casa de la familia Berlag. Es una familia noble antiquísima. El amo, se complacerá mucho que seas bien atendida así que háblale bien de mi si puedes. - Eirene asintió con timidez, inmóvil incapaz de asimilar y Bet sonrió contenta. Al acabar de vestirla le pidió que levantase los pies para colocarla unos calcetines de lana y unas botas altas marrones. Ella se dejó de nuevo.
-  El estúpido conserje  Bermas es alcohólico, pero tranquila, es inofensivo.  Él se encargará de llevarte sana y salva a tu hogar. Más le vale comportarse.
-¿Cómo se llama el amo? -Se atrevió a hablar por fin al ver que Bet hacia una parada para descansar.
-Howen Berlag. Su hermana, la señora Mura Berlag. Son los únicos que ocupan actualmente la casa familiar. Es una casa con muy poca vida social a pesar de que tienen dinero, buena influencia y poder. Es gente amable.

Enseguida la acompañó fuera del aseo y del cuarto. Salieron a una zona de pasillo y de ahí a un amplio salón de entrada en un primer piso. Las escaleras que daban al segundo piso eran enormes. Una estancia lujosa. Tenía toda la pinta de ser una casa grande y bien acondicionada.

-Bien, querida, vamos a las cocinas, te voy a preparar algo que te vas a chupar los dedos.
-Respecto a irme a casa...yo...no tengo...donde ir. No hace falta que el señor Bermas me acompañe. Si me indican el pueblo más cercano...-La mujer la miró de arriba a abajo. Luego al entrar en las cocinas, rompió a reír.
-¿Señor Bermas? Espero que jamás oiga que le llamas así. Se creería algo que no es. Ese maldito vago...-Dijo riéndose descaradamente. Eirene sonrió. Aquella mujer era jovial, enérgica. Un destello de energía y luz en aquella casa elegante y seria.

Hizo que se sentase frente a la mesa. Mientras Bet se ponía a cocinar con una soltura propias de un artista.
-Veamos, sino tienes donde ir, podemos hablar con la Señora para que te dé un trabajo. Me vendría bien a alguien conmigo. Normalmente las chicas que subcontrato solo vienen para hacer determinadas tareas y luego se marchan a casa. Si te quedases aquí, tendría a alguien para ... uff, perdona. Estoy divagando demasiado.
-Es agradable que piense en mí así. -Respondió Eirene con amable naturalidad. Vio que había un saco de patatas a medio pelar. Cogió un cuchillo de la mesa y empezó a pelarlas con habilidad y tesón. Cuando Bet se dio la vuelta para contestar y la vio trabajar su sonrisa se ensanchó aún más. Había ganado una amiga.
-No es necesario, aunque te lo agradezco, les dije que pelasen las patatas esta mañana pero como siempre se habrán ido a descansar al pueblo con la excusa de ir de compras. Ains, estás chicas. ¿Quieres ayudar? Mira, estoy haciéndote crepes con mermelada casera.

Sirvió leche con un poco de café, azúcar, las crepes en un plato con la mermelada y le indicó cómo podía hacerse más si gustaba repetir. Eirene se puso a hacer otra. Mientras Bet se ponía a cocinar un guiso de carne, seguramente para la cena.
-Bet, gracias por cuidarme.- Bet la empujó con cuidado
- Come. Oh, mujer, para mi es un placer, es algo rutinario. También cuido del Amo y la Señora. Aunque no se dejan. Al menos tú te dejas. -Eirene se avergonzó un poco.
- Gracias de nuevo.- Bet sonrió.


Permanecieron un rato en silencio mientras Eirene terminaba de comer y Bet hacia las tareas que le correspondían. Cuando terminaron, Bet llevó a Eirene hacia uno de los despachos de la primera planta. La primera planta aún era más lujosa que la planta de abajo. Las habitaciones se perdían en un pasillo alargado y amplio. Eirene nunca había pisado un lugar tan grande.
-Hablaremos con la Señora a ver que podemos hacer. -Al llegar a una de las puertas, golpeó suavemente con los nudillos. Sin esperar respuesta. Abrió la puerta de golpe.
-Te pillé.- Dijo juguetonamente Bet. Era un despacho con armario lleno de libros, amplia mesa de despacho y cómodo sillón. Una mujer repasaba unos papeles con un ábaco en la mano. Parecía estar haciendo cuentas. La miro sin sorprenderse.
-Bet, estoy ocupada. - Le dijo de mal humor. Bet entró en la estancia y le mostró a Eirene invitándola a pasar al interior. Cerro la puerta. La mujer, de unos treinta, vestía sencilla y discreta, pero formal. Pantalones blancos ceñidos, zapatos negros con algo de tacón, camisa y chaqueta. El pelo marrón liso en una coleta alta.  Era muy guapa, o al menos, algo en ella, no físico la hacía atractiva.
-Vaya. -Se levanto y avanzó hasta Eirene con gran curiosidad.
-¿Cómo no me has dicho que teníamos a una belleza en casa?-Eirene no se consideraba guapa.
-Precisamente para que no la violases mientras dormía pervertida. -Le acusó en broma Bet.
-¿Estás asumiendo que por ser lesbiana me gustan todas las mujeres y tengo un lívido descontrolado y que además soy una depravada y depredadora sexual?- Bet asintió. Se miraron largamente a los ojos como si batallasen y luego se echaron a reír. Todo había sido una broma.
-Bet, deberías empezar a portarte como es debido o la gente empezará a hablar.
-No quiero. Trabajé demasiados años con el Viejo, y me acostumbre a sus extravagancias.
-Erais tal para cual, no creo que te costase mucho acostumbrarte. -Bet sonrió como una niña traviesa.
-No tiene donde ir.- Le cambió enseguida de tema. Eirene se sentía perdida entre tanta gente tan extraña.
-Pobre criatura. -Susurró ella muy despacio.
-Soy Eirene.-Se presentó con timidez.
-Mura Berlag. Puedes quedarte lo que necesites, Bet se encargará de darte cobijo aquí. Si quieres colaborar o ayudar en tareas, puedes hacerlo. Siéntete libre de hacer lo que quiera salvo las cosas obvias que se consideren moralmente reprobables y salvo subir a la tercera y última planta de la casa.

Eirene asintió con toda la cabeza. Le agradeció todo lo que habían hecho por ella.
-Bet, ve con ella al pueblo y compra lo que pueda necesitar.
-De acuerdo. Le diré a Berman que nos lleve en el carro.

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