martes, 6 de septiembre de 2016

La decisión de Maeve (9)

Eridian es bastante pesada cuando se pone a discutir con Maeve. Maeve muchas veces la consiente, otras veces se echa a llorar como una niña hasta conseguir que Eridian la deje en paz. Otras en cambio, me enfado tanto que me tiró a matar a Eridian sin recordar que Maeve no sabe que Eridian es una arcana de Madre. Hoy, ha sido una de esas otras.

Normalmente me detengo cuando Maeve grita que nos detengamos. Pero hoy, me ha tocado hacer guardia toda la noche, estoy debilitado por no acudir al submundo y viajar de día. Lo cual me cabrea. Aún así, a pesar de que Eridian tiene más fuerza que yo, tiene que transformarse. No recuerdo porque nos hemos peleado. No me importa. Estoy ciego de ira. Eridian detiene mis golpes con precisión y tranquilidad, sin problemas. Nos elevamos a un terreno alto mientras intento darle con mis garras, el sol me da fuerte, me ciega, mierda. Duele. Me golpea en la mejilla de un puñetazo y pierdo el sentido. Solo percibo la brisa del aire.

Cuando despierto, veo el cielo embotado, oscurecido. La cara de Maeve se acerca a la mía. Estoy tumbado en la hierva, a un lado del camino. Me está acariciando suavemente la cabeza, transmitiéndome un calor y una paz que creía perdidas. Sé que puedo confiar en ella. Eridian está de pies. Su rostro está contraído por la preocupación y por otra cosa que se me escapa.
-Eres un gilipollas. -Bufa Eridian para quitarse la culpa de sí.
-La idiota eres tú Eridian. Tú y yo vamos a hablar...largo y tendido.-La frialdad en las palabras de Maeve me provoca un escalofrío familiar. Maeve me acaricia con cariño. Se ha asustado. ¿Yo la he preocupado? Eso me recuerda a...
-¿Ehogan, te encuentras mejor?-Interrumpe mis pensamientos y respondo con un tímido sí enseguida.
-Menos mal que los ritos de curación de Madre sirven para ti también.
-¿Curación?
-Lo siento Ehogan, no he podido cogerte a tiempo, solo he podido apartar a Maeve de ti.- Sonríe, fastidiada.
-Te voy a matar,-Intento levantarme, pero aún tengo todo el cuerpo dolorido. Maeve me detiene.
-Eridian...tu y yo vamos a hablar. Déjanos ahora.
-Ehhh, y a dónde voy a ir, no voy a dejarte a solas con este per-ver-ti-do...-Maeve le lanza una mirada aterradora.
-Eridian fuera.-Eridian se va. Se hace el silencio. Intento respirar despacio, tratando de calmarme, no sentirme avergonzado, disfrutar de las caricias de Maeve sobre mí.
-Lo siento.
-¿Por qué?
-Eridian me dijo que no te dijese nada. No quería meterme entre vosotras.
-La culpa no es tuya. Es ella la que me ha fallado.
-Tendrá sus motivos...-Intento defenderla inútilmente.
-No la defiendas, debería haberte cogido.
-No estás enfadada porque no te ha contado...
-Sino confía en mi es su problema.-Es evidente que miente. También le duele.
-Lo siento.
-Vaya, para ser Arcano de Padre eres muy considerado.- Me susurra Maeve con cierta complicidad.
-Cuando te desmayaste me sentí igual.
-Estamos empates.
-Si, me temo que si. Pero tus desmayos me preocupan.
-A mí tu poder. Deberías volver con Padre. Al menos hasta que te recuperes.
-No. Si vuelvo...quizá...yo...- Maeve me abraza. La única vez que alguien me abrazó fue ella, hace ya mucho tiempo. Tengo ganas de llorar.
-Perdona, imagino que aún no te has recuperado. -despacio me pongo en pie.
-No es por eso...¿Vamos? Tengo ganas de ver como amonestas a Eridian. -Me obligo a sonreír. Ella me mira largamente a los ojos y finalmente se rinde.
-Si algo te preocupa, espero que tengas la decencia de decírmelo, no como otras...- Mi sonrisa se vuelve real.
-Soy Arcano de Padre, nosotros nunca revelamos nuestras cosas a otros. -Empiezo a andar erguido y orgulloso tratando de ocultar lo mucho que me duele todo. Luego recapacito sobre los desmayos de Maeve, sus lagunas, sus recuerdos, Eridian debe saber algo. Creo que yo también voy a hablar con ella largo y tendido.

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