miércoles, 28 de septiembre de 2016

La decisión de Maeve (13)

Cuando termino de estampar a Eridian contra la pared después de haber estado destrozando la cabaña en la que nos hemos hospedado esta noche, me siento un poco mejor. Salgo disparado hacia el cielo, pero me siento algo débil por haber hecho guardia de noche y porque el día mismo me pasa factura.
No la veo, no la veo...vuelvo a bajar hacia abajo y le doy otro puñetazo a Eridian. Tengo ganas de despedazarla y sin embargo me culpo igual que la culpo a ella. Matarla no sería justo porque dejaría de sufrir. Además la necesito para buscar a Maeve y que la proteja durante el día. Mierda Maeve. ¿Qué has hecho? ¿Por qué huyes de mí? Eridian se levanta, apenas ha restaurado las heridas. El día la favorece. Maldita zorra arcana de Madre. Mantiene la calma. Una calma que yo no tengo y eso me está debilitando. Su actitud en cambio me está irritando tanto que creo que voy a estallar. 
-Ve a dormir. Yo me encargo de buscarla. -Suelta tranquila.
-Claro, me voy a dormir tan tranquilo, después de estar toda la noche despierto protegiéndola. -Creo que está idiota no pilla bien la situación. Maldita arcana inútil. No sirves para nada.
-Oye, no todo el culpa mía señor iracundo folla vampiresas.- ¿Eh? Ah, tienes ganas de discutir...
-Necesitaba alimentarme.- Ella se cruza de brazos como si me respuesta la horrorizase más. 
-Ah, bien, genial, peor me lo pones. 
-Me la trae floja que me taches de lo que sea que se esté pasando por la cabeza. Tu sobas a Maeve con la escusa de que eres su amiga. Ah, a mí no me engañas. Tú te la quieres tirar.
-Y tú no. Eres un santo que está por ella porque si. 
-Yo la amo gilipollas,  lo tuyo es vicio nada más. Ya te dio calabazas una vez. Así que no me vengas con que eres su amiga del alma. Falsa, zorra, maldita inútil. -Vuelvo a darle un puñetazo. 
-Sigue, sigue, sigue insultándome todo lo que quieras, tu agota la energía que te queda. Luego iré a buscar a Maeve. No puede estar muy lejos. Se me da bien rastrear de día. 
-Para empezar no deberías haberte dormido. Para empezar deberías ser su sombra. 
-¿Quieres que te dé otra paliza y te mate? Esta vez no está Maeve para salvarte con sus trucos.
-No si te reviento la cabeza primero. Te voy a meter la lengua en el culo.  - Me lanzo a por ella con todo lo que tengo, dadas las situaciones quizá aún así pueda derrotarla. Eridian me esquiva casi todo el tiempo. Cuanto más me esquiva sin atacarme mi ira más se enciende. Empiezo a insultarla, a decirle todas las mierdas que se me pasan por la cabeza. 
-Si la amas tanto déjame ir a buscarla y descansa. Joder Ehogan pareces imbécil. Cabeza hueca...-Ella me atiza en el estómago a una velocidad superior a la mía ahora. Intento ponerme en pie, pero el dolor me mantiene de rodillas. 
-Sino tuviese tanta prisa por enmendar esto, te haría cosas...-Parece excitada y tentada a hacerlo. Me golpea fuertemente en la cabeza con una patada. Todo se vuelve negro. 

Escucho la voz de Maeve, veo una playa, cubierta en la oscuridad, en tonos azules y grises. Ella camina sola, o cree estar sola. Sin memoria, sin casi consciencia de sí y de su entorno. Viajando al oeste sin detenerse. Sin rumbo, ni objetivo, ni fuerza. Como si estuviese abandonando el mundo. Intento llegar hasta ella y detenerla, gritarla y hacerla ver que no está sola. 

Mis ojos se abren lentamente. Mi cabeza arde por dentro. El estómago también. Un dolor sordo pero soportable. Estoy cubierto con una manta. Con la manta de Maeve. Huele a ella. Es tan relajante. Su rostro se me aparece de nuevo ante mí. Preocupada.
-Lo siento Ehogan. Precisamente quería continuar por mi cuenta. Para evitar esto. No quiero que sigáis así. Esto no es vida para vosotros. Ni para mí. 
-Habíamos salido a divertirnos juntos. Siempre. Déjame acompañarte. Sin ti, me meteré en líos y acabaré muerto. ¿Eso quieres? - Chantaje emocional que surte efecto en tres, dos, uno...
-Lo siento, no había caído en eso. Pero necesito, por favor, necesito que os llevéis bien. No puedo seguir soportando vuestras peleas. -Intento incorporarme, pero Maeve no me deja. Me pide que repose. Es de noche, estamos en otro lugar. Hemos debido de atravesar el valle, los bosques, nos debe quedar un día para el templo de Padre. Lo percibo. Me llama. Pero yo, le ignoro. Centro mi atención en quien realmente me importa.
-Eridian me encontró en el subsuelo bajo los acantilados. No pensé que me encontraríais. Me dijo que te habías desesperado por encontrarme y habías acabado así. Me dijo que me quedase contigo para evitar que te matase. Parece que, incluso ella, te aprecia. 
-Me usa para que te quedes con nosotros.-Otra que sabe lo que se hace. Maeve sonríe. Es inteligente, sabe que haremos cualquier cosa por retenerla a nuestro lado. Algo la preocupa. Intuyo que su tristeza, sus ansias de huir y no poder recordar, de perder recuerdos, debe ser algo que sucedió después de que me ayudase a escapar del submundo. 
-¿Puedo contarte una historia?
-Claro. -Ella me acaricia y me escucha atentamente.
-En los albores del tiempo, cuando Padre y Madre dieron a luz a los primeros Arcanos, ellos era felices juntos y se amaban. Bueno, dicen que, aún lo hacen. Pero desgraciadamente, eran tan diferentes que sus peleas y enfrentamientos por su diferente manera de regir el mundo, hicieron que gradualmente se separasen, separando a su vez a los hijos. Las siguientes generaciones de Arcanos ya nacían de un bando o de otro sin poder elegir. Pero, los primeros, aquellos que perecieron entre sus propias peleas entre hermanos, eran los únicos que podían elegir cambiar de bando. Hasta hace unos miles de años, no se creía que pudiese volver a pasar. Pero sucedió algo aún más milagroso. Dos arcanos, un fiel arcano de Padre y una  fiel arcana de Madre se conocieron y acabaron siendo amigos. Hermanos, unidos que luchaban sencillamente por un mundo más justo para ambos bandos. Un mundo mejor, protegiéndolo de las injusticias que los enfrentamientos de ambos bandos provocaban en los mortales, las criaturas medias y los propios arcanos. Al igual que tu y yo, se divertían creyéndose héroes y enfrentándose a sus Padres. Sin embargo. Uno de ellos fue apresado y llevado al submundo. El otro fue a rescatarlo y en el último momento, lo abandonó a su suerte y desapareció. Algunos creyeron que uno había traicionado al otro. Pero poco después desapareció el otro  roto por el dolor, tratando de buscar a su alma gemela y  a ninguno de ellos se lo volvió a ver jamás. Se empieza a creer que quizá, no fue una traición. Quizá, fue castigada por romper las normas al tratar rescatarlo. Eridian y yo, quizá podríamos llevarnos bien. Aunque eso ya ves que es imposible. Pero, quizá durante un tiempo, pueda intentarlo por ti. Si a cambio, tu te quedas a mi lado. - Maeve me mira con los ojos brillantes. Por fin he recuperado el aliento y puedo sentarme. Recuperado de los golpes de Eridian, con mi poder más o menos restaurado, sonrío a Maeve que se ha quedado consternada por mi historia.
-Dicen que los Arcanos de Padre, sienten asco por los que no son como ellos. Dicen que los Arcanos de Madre son soberbios y se creen superiores a todo. Los mortales como yo no preocupamos a los Arcanos. No entiendo vuestra insistencia hacia mi persona. Tampoco quiero saberlo. Porque de saberlo, seguro que perderé recuerdos. No quiero. Por alguna razón, cada vez menos certera, sé que en vosotros se esconde una razón oculta por la que me acompañáis. En el fondo agradezco no estar sola, pero me agobia y me descorazona. Me avergüenza llevar esta carga. Me supera. Necesito mi intimidad. Ni siquiera sé porque te cuento esto...-Se vuelve, se levanta y me evita. Sale de la cabaña y se sumerge en la paz del bosque en la oscuridad de la noche. Yo salgo tras ella, consternado por lo que acaba de confesar. No sé que decirle, no se que hacer para que se confiese, se sienta mejor, se confíe. Lo único que puedo hacer es observar como Maeve se abate y se hunde en ese abismo. Me siento traicionado. Aún, me siento muy traicionado. Pero no la culpo. El motivo por el que me llevaron al submundo fue porque maté a un grupo de Arcanos jóvenes de Padre para protegerla a ella. Fue la primera vez que me declaré en contra de Padre abiertamente. Fue la primera vez que me di cuenta de que ella lo significaba todo para mi. Aunque ella no pueda recordarlo, sé que en el fondo lo sabe. Sino fuese un cobarde, bajaría al submundo para pedirle a Padre que me castigue a mí y salve a Maeve del olvido. 

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