jueves, 22 de septiembre de 2016

La decisión de Maeve (12)

No entiendo por qué Ehogan y Eridian se preocupan tanto por mi. Se comportan como si fuese a romperme en cualquier momento. Ehogan está de muy mal humor. Eridian siempre está encima controlando todo lo que hace y dice. Después de ponernos en marcha hacia el templo de Padre y llegar al camino principal que según creo haber oído conduce a las fronteras del reino, a una ciudad puerto, o algo así. Dicen que ese templo está entre las montañas heladas que el camino atraviesa. Aún nos quedan dos días para llegar. Es de noche. Apenas veo nada en la oscuridad. Ehogan nos guía sin problemas, Eridian me tiene cogida de la mano y me acompaña. En silencio. Tensos. Están tan tensos. Me vuelvo a sentir agobiada. Si lo pienso, ni siquiera se bien, por qué me acompañan, sé que Eridian es mi amiga, o eso dice, Ehogan dice que es mi amigo. Eso dicen. Dos arcanos en compañía de una humana sin pasado ni memoria. No lo entiendo. No tiene nada de sentido. Me ocultan cosas. Como dos niñeras. No tienen ninguna misión más que acompañarme allá donde vamos. Ehogan dice que lo hace por diversión, Eridian por responsabilidad. A veces me siento con ganas de avanzar sola. Quitármelos de encima. Me agobia verlos discutir, me agobia que estén siempre encima como si fuese una inútil. Me hacen sentir mal. No se dan cuenta. Si me quejo es peor. Así que decido huir.

Los arcanos apenas necesitan dormir, yo en cambio, necesito dormir, comer etc. Hay muy pocos momentos en los que realmente bajen la guardia. Eridian es arcana de madre, esta muy activa y enérgica de día. Ehogan es de Padre, la noche es lo suyo. Pero siempre hay un momento, en el amanecer o atardecer en el que ambos están como lo diría, en cambio de guardia. Al llegar a una cabaña del camino, una de esas donde los viajeros pueden guarecerse cuando van de paso, ahí, cenamos, y me acuesto. Tardo en coger el sueño. Eridian se tumba a mi lado, seguramente estará largo rato despierta y apenas dormirá realmente. Ehogan hace guardia. Cuando por fin empiezo a dormirme, siento a Ehogan rondando cerca. Eridian realmente parece dormida. Ehogan comprueba que Eridian duerme. Se sienta a mi lado, me arropa con las mantas. Trata sutilmente de comprobar que estoy dormida. Cuando se cree que es así, me susurra al oído tras darme un tierno beso en la mejilla.
-Sin ti, mi vida no tiene sentido. Solo puedo divertirme contigo. Ojala pudiese protegerte de verdad. Ojala pudiese ayudarte. De momento. Descansa. -Me da otro beso en la mejilla, esta vez con mayor seguridad y con mayor ternura. No entiendo absolutamente nada. Me siento incómoda. Abrumada por ellos dos.

Al amanecer. Abro los ojos, ambos arcanos duermen profundamente. Recojo mis cosas y salgo a hurtadillas. Cuando me alejo lo suficiente, dejo que mi instinto me guíe hacia el oeste. Siempre al oeste. Voy a una marcha considerable, sé que es muy probable que puedan encontrarme. Me siento libre, me siento sin demasiada presión. Al cabo de unas horas, llego a un desfiladero. No se que tipo de magia tienen los arcanos, pero un rastreador podría encontrarme con facilidad a no ser que rapele hacia abajo. No tengo cuerdas, pero creo, creo, que soy hábil, porque no le temo a las alturas. Empiezo a bajar, con agilidad, usando mis polvos para hacer poder levitar en el aire en caso de que me caiga. Tardo otra hora larga en bajar hasta abajo del todo. Son muchos metros y esta zona esta llena de profundas cuevas, simas, grietas e irregularidades que hacen el terreno muy difícil de rastrear tanto por aire como por tierra.

Me meto en una de las cuevas que da a un pasaje subterráneo, mi instinto me guía bien y la adrenalina de mi cuerpo se conserva aún un rato más. Es un paraje tranquilo, sin animales, criaturas, ni gente. Nada. Un páramo yermo y agradable. Hago un pequeño fuego con mis polvos, mi chisquero y algo de ramaje y hierva seca que encuentro. Me acomodo, y miro hacia arriba como el humo se pierde hacia el conducto del techo. Bajo tierra, en la oscuridad. Es casi como entrar en el submundo, pienso ingenuamente. No entiendo porque Ehogan no desea volver a casa.

Mis ojos se cierran a pesar de tener sed y hambre, satisfecha, libre y tranquila sin presión. Por fin. Si el olvido me traga no me importa. Porque así no me sentiré culpable. Nadie tendrá que cargar conmigo. Un alma sin pasado, recuerdos, un ser que se apaga, eso soy yo y creo que cada vez que voy al oeste, puedo apreciar puedo saber porqué sin necesidad de recordar. Me estoy muriendo. Quiero que esta sea mi tumba. Quiero llegar a esa playa en el oeste de mi sueño y caer allí, sin recuerdos, remordimientos, libre, sin cargas, sin problemas. Morir en paz. Nada más.

1 comentario:

  1. Hola

    Feliz de encontrarte de nuevo. Gracias por la visita en Google+

    ResponderEliminar