viernes, 9 de septiembre de 2016

La decisión de Maeve (11)

Realmente lo necesitaba. No es que me avergüence de mi naturaleza. Pero Aya me lo ha puesto tan deliciosamente fácil. Afortunadamente, nadie, ningún ser es capaz de recordar cuando se reencarna. Vale, es un poco raro aparearte con una víctima antes de succionar su fuerza vital. De alguna forma tenía que debilitarla primero. Tenía que alejarla de Maeve. Es humana estúpida no habría durado ni un segundo frente a ella. Aunque admiro que siendo humana tome esos riesgos, muestre esa valentía, no es divertido. No como antes. Antes, ella y yo peleábamos a muerte entre nosotros, para demostrar nuestro poder hasta que uno de los dos quedaba inconsciente. Luego nos divertíamos juntos haciendo travesuras y poniendo nuestras vidas en riesgo. Éramos jóvenes Arcanos, despreocupados. Hasta…cierto punto. Luego dejó de divertirme. Maeve siempre ha sido muy sacrificada por todos y por ella misma. No soy malvado. Aya misma ha dicho que ella se alimenta de humanos, de su sangre, yo me alimento de la energía vital del ser. El que sea. Salvo de otro Arcano. Necesitaba realmente recuperarme de las heridas que Maeve no pudo sanar. Necesitaba recuperar mi poder y aunque Padre desaprueba que nos devoremos entre nosotros, poco me importa. Solo quiero estar con Maeve lo más rápido que pueda sin tener que ir a submundo, porque quizá Padre no me deje escaparme de nuevo.

Es curioso, Padre y Madre siempre están discutiendo, peleando… sin embargo, han creado esto, a nosotros. Supongo que es como la luz y la oscuridad, el bien y el mal, el sol y el agua. Los Arcanos tampoco nos soportamos, la propia sangre de Maeve no le gustaba a Aya por lo mismo. Es curioso, no me siento culpable, aunque fui yo quien recogió a Aya cuando era niña y la cuide bajo mi tutela mientras crecía. Los seres como Aya viven menos que nosotros. Cuando quise darme cuenta se había ido a la tierra y había abandonado el submundo. No la había vuelto a ver. Sé que debería sentir pena por ella. Supongo, que Maeve me… el hecho de …puede ser que, yo… no lo sé.

Al volver a la cabaña entrada la mañana, me encuentro una algarabía desagradable. Al entrar dando un portazo, todo se calma. Arrastrando los pies, me acerco al dormitorio de la pareja y veo a Maeve muy pálida. Dormida. Mi mirada se dirige furibundo hacia Eridian a quien algún día torturaré, asesinaré y me alimentaré de su poder, por muy asqueroso que sepa, para quedarme a gusto. Eridian se sobresalta y agita las manos murmurando que ella no ha sido, que simplemente se ha desmayado por la noche. Grito a todos los presentes que se marchen. De repente, Maeve y yo nos quedamos solos. Me acerco a ella, toco su piel. Está fría. Muy fría. Empiezo a frotarle las manos, los brazos, las piernas, aparto todas las mantas, me quito la camisa y le quito el camisón viejo que le han puesto. La sujeto, abrazándola y cierro los ojos para concentrarme. Siento un hormigueo cuando mi poder lo transformo en calor y se trasfiere a su cuerpo. Venga Maeve, otro desmayo no, por favor, otra vez no. No me olvides de nuevo. Por favor.
-Ehogan… -Me alivia tanto oírla pronunciar mi nombre que se me olvida completamente dejar de transmitirle calor.
-Ehogan…tengo calor. -Suena adormecida. Detengo el proceso. Abro los ojos. Ella empieza a gritar y a moverse. Ah, sí, cierto. Las mujeres y su pudor femenino.
-Tranquilízate, la otra vez te hice lo mismo cuando te desmayaste y no pasó nada. -Dejo que se vaya recoja el camisón y se lo ponga. Yo la contemplo ensimismado.
-Eridian tiene razón… eres …eres…- Eridian entra en el cuarto, supongo que habrá oído los gritos.
- ¡Per.ver.ti.do! -Me lanza un puñetazo. Maeve le grita a Eridian que se detenga.
-De nada. ¿Maeve hasta dónde recuerdas?
-Lo primero que recuerdo es la primera noche en nuestro viaje. Cuando Ehogan me despertó diciendo que dormía demasiado.
-Ese no fue nuestro primer día de viaje Maeve. Ese fue el tercero. -Eridian y yo nos miramos asustados. Ella se ruboriza e intenta animarnos.
-Pero…pero recuerdo que quiero hacer el viaje para recordar, porque no quiero olvidaros y… y… ¿Para divertirnos? A, a…-Parece palidecer de repente.
-No te fuerces, no quiero que te desvanezcas otra vez. -Bufo enfadado. Ella asiente y lo deja estar.
-Tenemos que irnos de aquí. El hombre de esta casa dice que hay un templo de Padre a unas horas en las montañas. Quizá los monjes de Padre nos puedan decir algo.
- ¿Una Arcana de Madre y una sacerdotisa de Madre entrando a un templo de Padre? - Empiezo a reír. Maeve se ríe también.
-¿Ehogan, no decías que querías divertirte? -Mi risa cesa de inmediato. Eso tampoco es divertido.





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