lunes, 29 de agosto de 2016

La decisión de Maeve (8)

Ehogan y Eridian se pelean constantemente, como dos viejos conocidos. Es extraño que siendo ella una sacerdotisa de madre y él arcano de padre se muestren tan confiados, cercanos. Yo trato de concentrarme en lo que mis dictados me dicen. Siempre al oeste. Cada noche sueño con ese ocaso en esa playa sumergida en la noche. Puedo avanzar por el agua completamente serena y lisa como si tierra se tratase. Puedo sentir la brisa, oler el agua y la humedad, notar la suavidad cálida de la arena cuando llego a ella. Más allá hacia el interior aprecio unos árboles que conducen a un oscuro bosque. La bruma lo mantiene en un inquietante misterio perpetuo. Sé que está al oeste, cada noche me acerco un paso más. Cada vez un poco más. Apenas nos quedan provisiones cuando por fin encontramos una posada. Es tranquila y humilde. El duelo es un hijo de noble que se hizo comerciante. Al vernos parece alegrarse. Eridian paga nuestros gastos y los tres cogemos una habitación para nosotras y otra para Ehogan. Cenamos juntos. Después Eridian y yo rezamos en nuestros cuartos. Nos bañamos y nos acostamos en una cama limpia.

Cuando el sueño me vence con Eridian pegada a mí, siento algo que me roza la mejilla con suavidad. Abro los ojos y veo a Ehogan observándome levitando sobre mi muy de cerca. Intento no asustarme y el me tapa la boca para evitar que grite. Sus manos despiden un aroma a vainilla y canela agradable. Cuando le indico con la mirada que voy a levantarme se aparta y me espera junto a la puerta. Salimos en silencio y vamos a su cuarto. Se estira y se sienta en la cama. Me hace un gesto para que me siente con él. Dudo. Lo hago.
- ¿Qué sucede? -Le susurro con cierto respeto al ver que luce algo enfadado.
- Estoy celoso. -Bufa de repente.
- ¿Eh? - No entiendo nada.
-De Eridian y de ti. De vuestra amistad. No. Bueno en realidad de que seáis tan cercanas.
-Siempre hemos sido cercanas. Ha estado a mi lado desde que tengo memoria y ha sido muy buena conmigo. -Bostezo abiertamente cansada. Él vuelve a taparme la boca. Entonces se acerca a mí y besa la mano que tiene sobre mi boca.
-Tengo celos. He observado que os besáis de vez en cuando en los labios, en la mejilla o el brazo, en la mano, os abrazáis, dormís juntas, coméis juntas, siempre juntas. Quiero sentir eso. -Sigo sin entenderlo. Cuando por fin me suelta, se me ocurre una idea.
-Eres un arcano de padre, imagino que te gustarán los tuyos. ¿Acaso me estás diciendo que te gusta Eridian? Yo he observado que siempre discutís como un matrimonio, en el fondo creo que ambos os lleváis muy bien. No sabía que los arcanos se podían sentir atraídos por otros que no fuesen de su raza. Si…si eso te molesta, lo siento. -Me siento intimidada por su mirada. Es tan intensa que me quema. No quiero enfadarlo. Es terrorífico.
- ¿Eso no te pone celosa? -Me sorprende. No entiendo por qué Ehogan actúa tan familiar conmigo. Me empiezo a marear, empiezo a sentir un sopor extraño. Siempre que despierto con lagunas me siento así antes. No, no quiero desvanecerme.

-No quiero desvanecerme… Ehogan…no quiero olvidarte…-Digo casi inconsciente mientras caigo y mi cuerpo intenta atraparle. Ehogan me recoge asustado y preocupado. Después nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario