domingo, 21 de agosto de 2016

La decisión de Maeve (7)

-Ese no era nuestro trato.-Me dice Eridian enfadada.
-Sino estás a gusto vete cuando quieras. No te necesitamos. -Le digo despectivamente mientras me recuesto en la rama del árbol. Eridian trepa tras asegurarse de que Maeve duerme profundamente.
-No dejaré a Maeve contigo pervertido.- Me obliga a levantarme y a dejarle sitio.

Hace dos días que partimos hacia el oeste. Sin dar explicaciones. Como a mi me gusta. Los tres viajando a lo desconocido, explorar el mundo que nuestros Padres crearon para nosotros. Lo peor de todo es que Eridian nos sigue como un perro. Pesada.
-Maeve es mi mejor amiga, siempre lo ha sido. Madre debería habernos hecho nacer hermanas. De hecho estoy segura de que...
-Deja de gritar, la vas a despertar y los humanos si necesitan dormir.
-Bah, bah, bah... deja de fingir que te preocupas por ella per. ver. ti. do.
-Deja de llamarme así. -Le lanzo un zarpazo y libera sus alas, despega y se coloca delante de mis narices flotando. No me impresiona nada en absoluto.
-Ehogan, teníamos un trato. Tu haces de malo, yo de amiga leal. Le dejamos creer que es una heroína y la apartamos de los peligros reales.
-Ahora tengo un trato más divertido. Además, no se si tu mejor amiga te ha comentado que quería morir.- La expresión de Eridian cambia. Desciende lentamente y yo la sigo de un salto ágil y silencioso.

Eridian coloca ambas manos al lado de su cabeza y cierra los ojos. Yo nunca invadiría su privacidad.
Cuando termina, su expresión me revela que ha confirmado mi historia. Se sienta abatida junto a la hoguera.
-Necesito dormir.
-¿El pervertido soy yo, no quieres vigilar por si la violo por la noche?-Su expresión me revela enfado. Pero finalmente, se recuesta y se duerme tranquilamente.

Miro hacia Maeve. Duerme tranquila. Siento curiosidad. Yo también podría hacerlo. Podría indagar en su alma, en sus pensamientos. Incluso en su subconsciente más profundo. Estoy muy muy tentando a hacerlo. Entonces se vuelve hacia mí dormida.
-Ehogan... dame la patita...-Ahogo una risotada. Mi curiosidad se deshace en las lágrimas de risa que me provoca su comentario. Ella es única. No hay duda. Entonces, me pregunto si Padre, sabría decirme porque Maeve hizo lo que hizo. ¿Por qué me traicionó? Mi pecho arde, me duele, mi estómago se revuelve y mi risa se convierte en llanto. Intento relajarme. Pero necesito salir de allí y despegar. En el cielo nocturno, libre e inmenso me pierdo me dejo llevar por el sosiego de la noche. Me dejo flotar por el firmamento sin dirección alguna. Sin buscar más que paz. Siento la presencia de Padre. Me reconforta, me da poder. Me invita a volver a casa. Pero niego rotundamente. Solo quiero estar con Maeve.

Regreso lentamente cuando amaneces. Maeve se despierta y me ve llegar.
-Vaya creía que te habías escapado y que tendría que seguir sola.
-¿Y Eridian?-Le digo con una sonrisa fingida.
-Oh, ya. Bueno, será nuestro secreto. 

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