jueves, 7 de julio de 2016

La decisión de Maeve (3)

Bueno. Quizá no sea una criada normal. Al parecer, soy una criada que atrae malas compañías. El ser que me persigue por el bosque acaba y devasta con todo a su paso. Como no corra lo suficiente, va a matarme. De repente, veo el lago. Saco un poco de polvo de mi cinturón y lo arrojo a mis pies. Enseguida puedo correr por el agua como si fuese tierra.

Al llegar a la pequeña formación rocosa que surge del agua en el centro, saco una tiza de otro saquito y dibujo un símbolo en la piedra. Al momento, unas hondas cuasi invisibles salen del centro en círculos. Me coloco en posición de meditación y fijo mis oraciones a la Diosa en silencio.

De repente los gritos, gemidos y pasos se detienen. Se hace un  silencio sepulcral. Puedo percibir en los límites de mi barrera a los seres que se han quedado fuera. Todos huyen despavoridos cuando llega él. Debe ser muy poderoso. Nunca había visto nada igual. Que yo recuerde, tampoco tengo mucha memoria de mi pasado. Solo insinuaciones, sueños extraños, sombras que caen en un olvido extraño. La única misiva que recibí cuando me recogieron en el templo de la Diosa hace dos años era que debía ser criada de la reina y que debía pagar un alto precio por un error cometido en el pasado. Nada más. Muchos se lanzarían a tratar de recoger los fragmentos de memoria que puedan recuperar. Pero mi memoria fue sellada con una magia fuera de lo común. Por lo que, si es por la Diosa, yo no tengo objeción alguna de continuar así. Mi nueva vida no es mala. Sirvo a un propósito mejor que yo. Aunque mi insatisfacción personal a veces me frustre hasta extenuarme. Cuando le percibo golpeando mi barrera sonrío. Vaya, eso sí que basta para contenerlo. Fijo mi atención en los puntos que golpea. Reforzando mi protección. Si cedo un poco, estoy muerta. Se me escapa una sonrisa cuando frustrado le oigo rugir.
-No puedes quedarte toda la noche.
-Soy la primera de mi promoción. Prueba.
-Una estúpida sacerdotisa de la Diosa no tiene nada contra mí.
-Una barrera es cuanto necesito hasta que amanezca. Entonces tendrás que retroceder al submundo de Dios.
-Diosa Madre, no va a ayudarte. No vas a aguantar tanto. -Bufa muy molesto.
-Dios Padre tampoco va a ayudarte a ti. -Le respondo con una serenidad que no conocía que tenía.
-Entonces esto es algo entre tú y yo.-Comienza a golpear. Yo empiezo a reforzar mi fuerza de voluntad para no quebrarme. Aún queda mucho para que amanezca.

Lo más difícil es no dejarse vencer por el sueño. Mantener un estado de serenidad absoluta. No dejarse vencer por el temor. Confiar en que tu magia es superior a la del otro, que la Diosa, está de tu parte. Yo en mí no confío gran cosa, pero mi fe en mi Diosa Madre es absoluta. Mientras medito, refuerzo la barrera tras cada golpe de ese ser, repaso mis conocimientos.

No es un monstruo del submundo. Los monstruos del submundo no hablan, no tienen forma humanoide. No tienen porque ser malignos, y se repelen con facilidad con el amuleto de la Diosa o unos rezos o símbolos mágicos. Este ser, viene del submundo, puedo sentir la presencia de Padre en él. Pero es mucho más fuerte que cualquier otra cosa que haya estudiado o visto. Según los mitos, solo los primeros hijos de Padre y Madre, podrían mostrar una fuerza, inteligencia y aspectos como los que él tiene. Sin embargo, este ser, ha venido a por mi. Se ha manifestado en mi contra. Es posible, que la reina este en peligro, y al ser yo su guardiana hayan ido a por mi primero. Aún así. No veo probable que nadie pueda entrar a la fuerza mientras yo estoy aquí.Tengo una defensa muy superior a cualquiera en que lo intente. No obstante, al menos, llegué a ser la primera de mi promoción. O eso me dijeron en el templo. Sé que puedo contenerlo hasta que amanezca, y él tenga que desaparecer junto a los monstruos en el submundo de Padre. Siempre ha sido así. Por muy extraño que sea que un primer hijo, un arcano de Padre se haya personado aquí. Si algo he aprendido en dos años es que a pesar de todo, todo puede ser posible.

Continua golpeando sin cansarse, o apenas mostrar cansancio durante horas y horas. Mis fuerzas van menguando poco a poco, pero lo suficiente para continuar resistiendo. Sus golpes también son cada vez más débiles y eso renueva mi fuerza, voluntad y confianza. De repente cesa en su empeño. Le oigo sentarse.
-No está mal. -Me dice con voz grave y apagada.
-Aún no ha amanecido.-Mantengo mi serenidad aunque me delata la voz.
-Estás cansada.
-Estás agotado.
-Cierto. Juguemos la próxima vez.
-No gracias. Tengo tareas que atender.
-Bien, entonces mataré a tu reina. Así estarás libre para mi.-Dicho esto, sale volando y se pierde en la noche. Me mantengo quieta. Mientras por fin amanece. Centro mi rezo y mi confianza en mis defensas lejos, en la habitación de mi soberana. En cuanto los rayos de sol me tocan, me desplomo desfallecida de cansancio en el sueño.

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