jueves, 30 de junio de 2016

La decisión de Maeve

Soy una criada. Nada más. Me repito una y otra vez mientras me visto y me cepillo el pelo. Me miro al espejo e intento sonreír. Esta es la vida que he elegido ahora. La necesito, como el alcohólico la botella del licor. Lo necesito como una sacerdotisa o sacerdote su rezo de la mañana y la tarde. Respiro el aire del alba cuando salgo del cuarto, llego hasta las cortinas, las abro, y abro las puertas de la balconada de la reina Sherly I de su nombre.
-Maeve, ven.- Su voz me embarga y me deleita. Es una mujer brillante, vibrante, a la vista, tacto, voz, carisma, personalidad. Por eso la elegí a ella, en dos años de mandato ya se ha ganado el apodo de Sherly la justa. Esta es la vida que he elegido. Me repito de nuevo mientras veo como termina de amanecer.

Me vuelvo hacia ella. Le hago una reverencia. Ella me tiende la mano desde la cama con una gran sonrisa. Me acerco, le tomo la mano con delicadeza y la ayudo a levantarse. Aún le queda tiempo para dar a luz, pero se le nota y además la hace aún más hermosa. La ayudo a asearse, a vestirse. La acompaño al salón. La asisto mientras le sirven el desayuno. Siempre cuido de ella. Siempre le guardo las espaldas. Es mi reina. Es a quien he elegido. Es la vida que he elegido. Me repito de nuevo a mi misma.

Después la acompaño al salón del trono y desde allí ella dirige y asiste a las reuniones, citas y demás acuerdos. Recibe a todos con una expresión serena y una sonrisa que invita a hablar. No puedo evitar mirarme de reojo en el escudo de uno de los guardias. Mi mirada esta cargada de una cortina que oculta mi pasado, mi mochila personal. Intento enfocarme en el presente, en el sosiego de la rutina y la paz que me profesa mi soberana. Pero por mucho que lo intente, veo tras esa cortina lo que se asoma, lo que esconde. No me gusta. Intento encadenarme de nuevo.

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